Buenos comunicadores
Crecí, académica y profesionalmente con una generación muy interesante. Como inquietos estudiantes e incipientes colegas de la camada informativa posinvasión, participamos de un momento de convergencia histórica en cuanto a experiencias y conocimientos con talentosos novatos, empíricos de buena carretera, académicos intelectualmente influyentes, estrategas comunicacionales intuitivos y creativos, así como veteranos colegas con quienes compartimos anécdotas y que en algunos casos se mantienen vigentes en las redes sociales.
Aquellos colegas y amigos que desde los salones de clases aprendieron algo con una muestra representativa del buen cuerpo docente de la Universidad de Panamá - reafirmo, el buen cuerpo docente-, sin duda ampliaron su ambiciosa inquietud, y se puede inferir con ello que gracias a lo aprendido han plasmado huellas importantes en un camino que jamás los llevó a conformarse con el "status quo".
Si los estudiantes y colegas de mi generación, aquella que abarrotaba el auditorio Gil Blas Tejeira y tenía chispa adecuada para encender la flama en el ejercicio profesional, aceptaron y asimilaron la experiencia académica que se cruzó con la profesional, gracias a la guía de colegas con mayor experiencia, desde las vertiginosas y variopintas redacciones de prensa, radio, televisión o medios alternativos, aportando el resto de maña y mística que provocó que surgieran nuevas e importantes figuras de relevo, ¿por qué sentimos que algo ha enrarecido el ambiente social y nos hace cuestionar hoy día la labor misma de nuestros comunicadores?
Me cuesta ver en la actualidad, cómo disminuye la intensidad de esa llama y que al mismo tiempo, se percibe que la visión romántica de nuestro día a día empieza a padecer cataratas. ¿De quién es la responsabilidad por lo ocurrido? Pareciera que solo nuestra.
En la comunicación social pareciera extinguirse la ruta hacia la senda que nos llevaba a entender que lo nuestro era un apostolado al servicio del ciudadano, que mantenía cierta inocencia y lograba transmitir mensajes buenos; sin embargo, siento que habrá que ir entendiendo nuevas realidades y que nos demos cuenta que el modelo de la comunicación ahí está, desfilando ante nuestros ojos, aunque busca esconderse en el rincón de nuestra desidia cultural.
Tan solo reflexionemos: lo malo o mediocre necesita siempre del concierto de una audiencia para validar a su autoría. Creo que poco a poco mostramos agrado por algo de esto, y me preocupa como profesional. Me niego a que nos conformemos, y sigo confiando en mis colegas para que juntos hagamos que ocurra el milagro de ser verdaderos agentes de cambio. Recordemos que nuestra verdadera raza es el ser más humanos, mejores profesionales y extraordinarios guías para nuestras siguientes generaciones. Compañeros, colegas, no perdamos la fe ni la esperanza.
Comunicador Social