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Buhonería y degradación citadina


Mientras que las concesiones políticas busquen aplausos, el tema de la buhonería no tendrá salida digna. Parte de la economía informal, miles de panameños establecen casetas con cualquier tipo de mercancía, lo que no es criticable. Lo verdaderamente angustioso es cómo, a falta del cumplimiento de un ordenamiento que las autoridades hagan cumplir, los buhoneros se van estableciendo dónde mejor les parece, copando áreas enteras de la ciudad, convirtiéndolas en pasadizos estrechos y oscuros, en una expresión lúgubre de hacinamiento y abandono.

Tal es el caso del tramo de la avenida central que comienza en “La Cuchilla” de Calidonia y se extiende hasta Santa Ana. Otrora vitrina del carácter cosmopolita de la ciudad, con imágenes que guardan verdades postales históricas, hoy es un extenso zaguán, que muchas personas evitan transitar después de las cinco de la tarde. Los almacenes, puntos de referencia no solo por su mercancía sino por sus amplios portales, hoy deben soportar ante sus propias fachadas más y más casetas, más y más buhoneros, conformando un panorama verdaderamente desalentador y maloliente.

Pese a los intentos que se hicieron en el antiguo Patio del Ferrocarril en los tiempos de la alcaldesa Mayín Correa, el problema sigue igual o peor. El abandono al que fue sometida la vía durante los diez años que duró el gobierno del Partido Revolucionario Democrático, está dando tétricos frutos. Es hora de que el municipio de Panamá se siente a buscar salidas dignas, creativas, que asignen a las áreas de servidumbre un mejor papel. De lo contrario serán cinco años más de desidia y negligencia a una ciudad que no se lo merece.