Busquemos alternativas con nuestras propias fuerzas
Panamá transita hoy por una difícil situación. En el plano económico, pese al notable crecimiento observado, nos encontramos frente a un modelo concentrador y excluyente, incapaz de resolver el grave problema del creciente costo de vida, de seguridad y soberanía alimentaria. En el plano social, esta incapacidad se muestra en el deterioro, producto de la desidia gubernamental, de los servicios públicos. En la esfera política asistimos al bizarro espectáculo que representa la lucha entre las diversas fracciones de la oligarquía dominante, unas en función de gobierno y otras en oposición, por llegar a dominar el Estado y utilizarlo como fuente de ganancias e instrumento de acumulación de riquezas, todo esto acompañado por un avanzado proceso de implosión del conjunto de las instituciones públicas. En el espacio de lo ético, la creciente percepción de una corrupción generalizada, tanto en el ámbito público como en el privado, llama la atención sobre la creciente descomposición de los valores nacionales que alguna vez sirvieron de base a nuestra sociedad.
Frente a esta dura realidad resulta urgente levantar un Proyecto de Rescate de la Nación Panameña. El mismo deberá tener su fundamento ético en el principio de que el fin primordial del desarrollo es la construcción de un país en que cada uno de los hombres y mujeres que lo conforman puedan desarrollar, en la armonía de la convivencia social, todas sus potencialidades como seres humanos. Esto conlleva un proyecto de desarrollo que asegure todas las necesidades básicas de la población, así como la plena inclusión y participación de todos en la construcción de la nueva sociedad.
Se trata, entonces, de una estrategia de desarrollo basada en la efectiva realización del conjunto de los derechos humanos. Es decir, tanto de los derechos políticos y ciudadanos tradicionales, como los de carácter social, nacional y ambiental. Asimismo entre sus principios básicos, el nuevo estilo de desarrollo tendrá que contar con la implementación de una nueva democracia deliberativa, basada en la plena participación, la inclusión, la auditoría social, la lucha contra la corrupción y el pleno respeto a la institucionalidad.
No menos importante es el principio de la equidad y la justicia social para asegurar que el esfuerzo nacional se exprese en el creciente bienestar de la población y no en el escandaloso enriquecimiento de solo unos cuantos. También se deberá dar plena vigencia al principio de la sostenibilidad ambiental, que asegure la estabilidad de nuestro medioambiente y el bienestar de las futuras generaciones. Además se deberá aplicar el principio de la defensa de nuestra herencia común en aspectos tan importantes como lo son el Canal de Panamá, la presencia de servicios públicos solidarios, así como de la rica diversidad cultural nacional.
Disponemos, a final de cuentas, de un conjunto de principios con capacidad de guiar planes y programas concretos dirigidos hacia el beneficio de la población. Para que esto sea realidad, simplemente debemos desarrollar un movimiento independiente, democrático y patriótico que logre darles vida, enterrando para siempre el proyecto oligárquico y su deslustrada clase política.
