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Cabo de año


“El cambio está en marcha y apenas después de un año, ya se siente. En nuestro Gobierno pondremos los intereses del pueblo primero, porque ahora le toca al pueblo y juntos estamos haciendo un Panamá mejor para todos”, ha afirmado con solemnidad, verbalmente y por escrito, el señor Presidente de la República, Ricardo Martinelli Berrocal, en una artificiosa exposición de esloganes que son utilizados independientemente del escenario, con el propósito de convertirlos en “una mentira exacta” , con la ayuda de sondeos y encuestas .

Reafirma, eso sí, una de las características de estos doce primeros meses: que los criterios de oportunidad, conveniencia y utilidad, son los rectores de las acciones de su política de despolitización ciudadana y de ilusionismo,

Es así que, sin dejar de renegar del pasado inmediato el “cambio” resulta ser, hasta ahora, un futuro idéntico al pasado inmediato: más inseguridad, más corrupción, más impuestos, más desempleo. Y, para ello, no se ha dejado de hacer y cambiar las leyes a su talante, reciclando los mismos intereses antidemocráticos, antipopulares y antinacionales. Para ello, el coro legislativo en un estado de genuflexión “varelístico”, ha apoyado la operación de esta estrategia integral, negativa a los intereses del pueblo y con la bendición cortesana de los togados.

Un año ha bastado para terminar con cualquier propósito de institucionalidad, si es que la hubo, y para darle la espalda a los deberes estatales de protección y garantía conforme al Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Basta la denominada “ley chorizo” para corroborarlo, si es que no se quiere mencionar la actuación de los Órganos del Estado contra la institucionalidad en el caso de la Procuradora desterrada de su cargo y próxima a la condena, en la más pura tradición de los procesos estalinistas.

Los nuevos maestros del engaño, considerados por algunos como “un equipo ejecutivo, osado, muy enfocado en el logro de objetivos…” (sic), nos pretenden hacer creer que la planificación del desarrollo económico y social es cosa de expertos, no de los ciudadanos. Que son capaces de hasta permitir audiencias y consultas públicas para así, aparentar atender demandas y decir que deliberan con el pueblo. Que ellos y solo ellos pueden ganar salga cara o salga sello.

Más que cambio hemos vivido 365 días de transformismo. Poder y más poder para politizar o despolitizar cualquier tema, según conveniencia pero, eso sí, dejando en claro que “el que no está conmigo está contra mí” y con ello el dura lex, sed lex para hacer de las suyas y salirse con las suyas. De seguir así los meses y años venideros, caminamos hacia la peor de las tiranías: la que impone todo.

Debemos proponernos al menos, visto lo actuado, a no tener que depender del sondeo estadístico para opinar o actuar y exigir un reordenamiento institucional sin jugarretas, en un país en que podamos ejercer la libertad sin temores, Ojalá que el otro cabo de año tengamos un mejor piso moral para la acción política.