Cacería de brujas
La historia ha documentado aberrantes persecuciones que han ejecutado una parte de la sociedad contra otra que considera su enemiga para aniquilarla por diversas causas, siempre, según sus partidarios, por corrupción religiosa o política. Constantemente han sido dirigidas por individuos carismáticos que creen ser enviados por Dios para corregir lo que consideran desvíos morales. Se lo toman tan en serio que sus seguidores los endiosan y animan a seguir la tarea impuesta por el destino de purificar la sociedad en que viven; son los llamados predestinados. Esos individuos invariablemente terminan en las hogueras que encendieron con su verbo.
Las persecuciones de los romanos contra los cristianos al principio de la era cristiana han sido grabadas con las terribles muertes que sufrieron, de donde proceden muchos de los mártires de la Iglesia. Posterior a la aceptación del cristianismo por el emperador Constantino como religión oficial del Estado, año 337 d.C., la persecución revirtió, esta vez los perseguidores fueron los cristianos contra los paganos y herejes; recuérdese el caso de Hipatia, la gran filósofa pagana, que el año 416 d.C. fue asesinada y despedazada por la turba cristiana.
El caso de Fray Girolamo Savonarola, dominico, quien por los años 1450 d.C. encendió Florencia con su verbo flamígero en contra de la corrupción y la inmoralidad tanto de los gobernantes, sus antiguos protectores, los Médicis, como de su jefe el papa Alejandro VI, levantó buena cantidad de seguidores que luego lo abandonaron cuando fue encarcelado y torturado; peor: acudieron al espectáculo de la hoguera para burlarse de su sufrimiento.
En las colonias de América del Norte, entre 1692 y 1693, se gestó lo que posteriormente ha dado nombre a todas las persecuciones como Cacería de las Brujas de Salem, que se debió a acusaciones que unos vecinos hicieran a otros vecinos denunciándolos de brujería por lo que fueron juzgados, torturados y luego quemados por las autoridades. Transcurridos los años y por investigaciones serias, se descubrió que las acusaciones y los juicios se hicieron sobre falsas evidencias, envidia o cualquier otro sentimiento.
Desde entonces ese acontecimiento ha sido usado como advertencia sobre los peligros del extremismo religioso o político, acusaciones falsas sin comprobación, fallos en los procesos y el irrespeto a las libertades de los individuos.
Durante la Revolución Francesa, uno de sus máximos cabecillas, Maximilien Robespierre, apodado el incorruptible, utilizó extensivamente el sobrenombre y el poder de que estaba investido para acusar de corrupción a muchos, incluso copartidarios, y los mandó a la guillotina; a la postre él mismo fue a parar a la guillotina para ser descabezado. Como antes de ser detenido le metieron un tiro en la mandíbula, que se sepa, no pudo ni hablar de arrepentimiento ni pedir perdón.
En Alemania, en los años 30, aconteció una noche, y muchas más, del suceso que ha pasado a la historia como La Noche de los cristales rotos en la cual se atacó, se confiscaron los bienes de los judíos, se les exilió y se les asesinó, casi hasta la extinción, y se llegó a la horrorosa Segunda Guerra Mundial. Finalizada la guerra fueron entonces los judíos los que ejecutaron la férrea persecución de nazis hasta dar caza a la mayoría de los antiguos verdugos.
En Estados Unidos, durante la década de los 50 se desató una persecución contra todo lo que oliera a comunismo por un senador llamado Joseph McCarthy, figura carismática que logró con éxito inyectar en los ciudadanos de su país un odio feroz y fanático, al comunismo que casi acabó con la intelectualidad de su momento.
Seguida a la invasión de Panamá el 20 de diciembre de 1989, se desencadenó una serie de acusaciones que se convirtió en una cacería de militares y miembros del PRD que, para mi concepto, fue tan vergonzosa como cualquier cacería mencionada antes. ¿Por qué? porque se decía que todos eran batalloneros, corruptos, ladrones, asesinos y demás adjetivos que se le ocurriera a la gente. Muchos PRD estuvieron en cárceles y en los campos de concentración de prisioneros que se levantaron en la época por mucho tiempo hasta que quedaron algunos cuantos presos.
¿Lo recordarán los ciudadanos y PRD de la vieja generación, y la habrán enseñado a la nueva, esa parte de su historia? ¿La habrán borrado por vergüenza? ¿Alguien pidió perdón a los inocentes?
Las persecuciones crean intranquilidad en la sociedad, odio en quien lo siente y en quien es su objeto. La corrupción se elimina con justicia y educación en los valores de la moderación y en los antivalores de la codicia.