Cada vez más cochinos y embrutecidos
Durante las celebraciones de fin de año pasado en las playas del Pacífico panameño, las mismas recibieron una cantidad poco común de visitantes, gracias al largo fin de semana que coincidió con estas fiestas. Hasta ahí, todo bien. Lo que sucede es que el comportamiento del panameño cada vez es peor cuando se trata de demostrar nuestros modales y costumbres.
Toneladas de basura amanecieron cada día en las playas que, de una forma u otra, aún se pueden utilizar cuan largas y anchas para el público en general sin pagar un centavo. Esta costumbre de que alguien se debe encargar de mi basura hace que nuestro mensaje al turista extranjero sea el de un pueblo casi atrasado y bárbaro, sin una idea de lo que significa modernidad.
Era muy curioso ver a jóvenes locales y extranjeros cada mañana recogiendo latas, vidrios, platos de todo tipo, comida, etc. Lo único que hacían los visitantes temporales era llegar al lugar, no seguir las indicaciones de Sinaproc y ensuciar la playa lo más posible, más allá de las comunes peleas provocadas por el exceso de licor ingerido.
Estos famosos "paseos" que se organizan en comunidades, principalmente de la propia ciudad de Panamá, cada verano inundan las playas y las arruinan lentamente. La diferencia con las que son cuidadas por privados es importante. Incluso, si se ve desde el aire, pareciera que se puede dividir visualmente.
No es posible que esta situación continúe así. Y la solución siempre es la más fácil. "Prohibir los paseos". Todos sabemos que esas son medidas temporales y que en el tiempo terminan siendo revocadas por el bien económico de las áreas de playa.
La solución, como siempre todos sabemos y casi nadie quiere creerlo, está en la educación.
Nuestra ciudad es una inmensa máquina de producir basura. Por más que el proyecto de saneamiento de los desechos que llegan a la bahía se está ejecutando con rigor, eficiencia y transparencia, no es posible que logremos el objetivo de sanear la misma si seguimos convirtiendo cada espacio público en un vertedero.
Cuando llegan las enfermedades, entonces buscamos culpables entre los funcionarios, como si ellos nos obligaran a ser cochinos y mal educados. Ya basta de culpar a otro de nuestras propias miserias.
Es imperativo que los colegios, tanto públicos como particulares, inicien materias de educación sobre cómo tratar la basura y cuál debe ser el comportamiento ciudadano. Es sencillo involucrar a la empresa privada para que, a través de concursos, se pueda motivar a la población infantil para que aprenda y eduque sobre el tema.
EL POPULISMO, EL CLIENTELISMO Y LA CORRUPCIÓN NOS ESTÁN ACABANDO COMO PAÍS. NO SABEMOS HABLAR, NO SABEMOS ESCRIBIR NI TAMPOCO SABEMOS CUIDARNOS DE LAS ENFERMEDADES EVITANDO DEJAR LA BASURA POR AHÍ. POR SUPUESTO, TAMPOCO SABEMOS VOTAR. Y ESTE CÍRCULO, YA COMIENZA A SER PELIGROSO.
Necesitamos verdaderos expertos que nos desarrollen planes de cómo hay que presentar a la población formas de separar los desechos para entregarlos a la recolección. Debemos abandonar de una vez por todo el uso de compactadoras y vertederos.
Los políticos nos han estafado con sus promesas de saber qué hacer con la basura y hasta sacarle dinero a la misma. No tienen idea de lo que dicen y, como saben que han embrutecido a la mayoría de la población hasta llevarla al analfabetismo funcional, dicen cualquier tontería con tal de que suene bien en una campaña política.
En nuestro país nos hacen falta con urgencia empresas que se dediquen a reciclar desechos. Si no me equivoco, no hay ninguna empresa en Panamá que recicle vidrios en escala industrial, y así hay otros más. El Ministerio de Comercio debe poner de su parte y trabajar en este sentido.
De nada nos sirve llenar el país de multinacionales y finalmente terminarían regresando por donde vinieron en caso de enfermedades producidas por el mal manejo de los desechos.
Me gustaría que entendiéramos que este es un problema tan grave como el costo de la vida y la inseguridad. Es la salud de todos la que está en peligro. No puede ser que cada vía que llegue agua al mar se encuentre completamente contaminada por nuestra irresponsabilidad.
No hay estación del metro de Panamá que, debajo de donde se carga saldo, no esté llena de papeles en el piso por la actitud de muchos usuarios. Y ni hablar de las áreas pagas del metrobús, que llegan a ser verdaderos basureros.
El populismo, el clientelismo y la corrupción nos están acabando como país. No sabemos hablar, no sabemos escribir ni tampoco sabemos cuidarnos de las enfermedades evitando dejar la basura por ahí. Por supuesto, tampoco sabemos votar. Y este círculo, ya comienza a ser peligroso.
Rescatemos la educación cívica de las escuelas y devolvamos la autoridad a los maestros y profesores lo antes posible.
Ingeniero de Sistemas