Cada vez nos parecemos más a Miami
Hace un par de años, en Chile, los estudiantes salían a las calles para pedir que la educación pública alcanzara la excelencia de los colegios privados. Es conocido que el sistema educativo chileno es muy superior al de los demás países de Latinoamérica. También es importante establecer que estos estudiantes estaban muy bien organizados. Su líder de entonces, Camila Vallejo, no solo era la cabeza visible de las protestas, también era la voz de las negociaciones. Si bien su orientación comunista procastrista puede ser un tema para discutir por muchos (entre los que me incluyo), ese liderazgo encauzó un movimiento reivindicativo que, aunque en algún momento se tornó violento, pudo ser tratado dentro de los parámetros civilizados y la democracia liberal imperante.
LA MAYORÍA DE LOS EJECUTIVOS DE LAS EMPRESAS MÁS IMPORTANTES, CIENTÍFICOS, SON EXTRANJEROS... HACEN UNA VIDA EXITOSA EN UNA CIUDAD QUE LES DA TODAS LAS FACILIDADES A QUIENES TIENEN LA EDUCACIÓN Y LAS HERRAMIENTAS PARA EMPRENDER NEGOCIOS.
Hay una relación invisible entre la organización estudiantil y los logros de sus dirigentes mientras lo son. Con el paso del tiempo, es muy probable que se conviertan en referentes políticos de una u otra tendencia política.
En nuestro país lo anterior no fue una excepción. Hasta ahora. Nuestra baja calidad educativa se refleja en la forma como los estudiantes y profesores tratan de resolver los conflictos dentro del sistema educativo.
El sistema educativo panameño adolece del componente práctico. Profesores y estudiantes son víctimas de la falta de infraestructura para que los colegios no se vean saturados y puedan contar con la mayor cantidad de horas de trabajo dentro de los mismos. Esto hace que primen las horas dedicadas a mostrar material, hacer que se memorice y evaluar. Nada de discusión de ideas, prácticas de laboratorios, extensiones extracurriculares, etc.
Y de ahí que nuestro país tenga un nivel de innovadores tan bajo y lamentable. Seguimos cometiendo el mismo error: Profesores en su mayoría, cuyo magisterio es el resultado de ser la última opción a la hora de escoger una carrera más allá de la vocación. Estudiantes que pasan por el sistema, pero el sistema no pasa por ellos. Y para colmo, lo complementamos con una burocracia estatal destinada a proteger el estatus actual del sistema, el cual es perverso para las potencialidades de nuestro país en materia de desarrollo social y económico.
Nuestra expansión económica ya se ha convertido en un imán para ciudadanos colombianos, venezolanos, españoles y de otras nacionalidades que, con más preparación académica práctica, sí cuentan con las herramientas para competir en nuestro creciente mercado de oportunidades económicas.
Siempre me ha llamado la atención cómo nos queremos comparar a Dubái, Singapur, Corea del Sur y otros países cuyo crecimiento y población educada asombran al mundo por su extraordinario crecimiento humano. Les digo algo: en realidad cada vez nos parecemos más a Miami.
¿Qué significa parecernos más a Miami? Para el que ha visitado ese pedazo de Latinoamérica en los Estados Unidos, y se ha quedado al menos un par de semanas, va a notar claramente un patrón muy definido en el esquema laboral de esa ciudad y sus alrededores: La mayoría de los ejecutivos de las empresas más importantes, los mejores emprendedores en temas culturales, sociales, científicos que trabajan en este lugar son extranjeros. Colombianos, venezolanos, brasileños, argentinos, rusos, etc. conforman un núcleo duro de personas que hacen una vida exitosa en una ciudad que les da todas las facilidades a quienes tienen la educación y las herramientas para emprender negocios. El resto, los residentes, los ciudadanos nacidos y criados en el lugar, en su gran mayoría trabajan en el mercado de servicios. Así, podemos encontrarlos en los restaurantes, como policías o bomberos, en las pymes, en los servicios públicos de agua, luz, etc. y así en su gran mayoría.
Me temo que vamos hacia esa realidad. Y la única forma de escapar es que muchos de nuestros jóvenes, al ver el mercado de la ciudad de Panamá copado, terminen volviendo la mirada al interior del país hasta que los más educados lo descubran también.
¿Es este el futuro que queremos? Estoy seguro que no. Para eso, creo que hay que comenzar a organizarse para definir nuevamente los elementos del sistema educativo. Así las cosas, los políticos deben evitar improvisar a sus ministros y equipos destinados al tema educativo. Los profesores deben mirar más allá del tema gremial-político-ideológico y entender que hay que elevar o recuperar los estándares de excelencia del profesor y el maestro. Y los estudiantes tienen que comprender que la escuela es una comunidad educativa, no el sitio para aprender tonterías y lograr un diploma a costa de lo que sea sin norte definido.