Caja de Pandora
Los analistas políticos y militares de Estados Unidos no previeron que, tras el derrocamiento del régimen laico de Saddam Hussein, surgiría una caja de Pandora con los espectros de una contienda religiosa sangrienta entre sunnitas y chiitas que desgarraría Irak. La imprevisión, agravada por el retiro de las fuerzas militares norteamericanas de ocupación, ha desembocado en la inminente toma de Bagdad por los sectores extremistas del yihadismo. Mientras Estados Unidos delibera sobre qué hacer ante la crisis, se abre paso la partición de Irak con la fundación de un califato yihadista en el norte del territorio, con el control de Mossul y Bagdad, la dos ciudades más importantes.
Dos estados, uno chiita yihadista y otro sunnita, podrían ser el remate de la guerra civil fomentada por las divisiones religiosas iraquíes. Coches bomba, ataques suicidas en mercados, locales políticos fueron los prolegómenos del histórico enfrentamiento de dos agrupaciones religiosas fundas en diferentes interpretaciones del islamismo.
Al inicio del terrorismo se pensó que estaban recrudeciendo los signos exteriores de un viejo conflicto religioso. Si se juntan los cabos sueltos de la contienda, se entiende por qué razones se estableció la dictadura laica de Saddam Hussein que puso en la raya a los líderes religiosos, exiliando gran parte de ellos o encarcelándolos. La mano dura del dictador impuso estrategias de hierro violatorias de los derechos humanos. Las versiones de los disidentes eran verosímiles, pero detrás de ellas se agazapaba el cisma religioso teñido de violencia.
Estados Unidos barajó la hipótesis del reemplazo de la dictadura militar por un nuevo régimen de civiles políticos. Las opciones que puede inaugurar el control yihadista del norte de Irak apuntarían a una acumulación de elementos políticos revestidos de apariencias políticas que podrían reforzar la presencia de Al Qaeda y del reclutamiento de sectores islámicos extremistas de otros países musulmanes de la región.
Desde Libia, Líbano, Siria, Palestina, emigrarían refuerzos militares para consolidar el nuevo estado yihadista del norte de Irak. Podría rediseñarse otro mapa geopolítico inspirado en un islamismo agresivo e intolerante que divide a la humanidad entre fieles e infieles. La paz del Medio Oriente tropezaría no solo con obstáculos ya establecidos entre Israel y Palestina, sino con los concertados en el revivalismo yihadista.
La Casa Blanca elabora seguramente nuevas estrategias, teniendo en cuenta los riesgos del entronizamiento de la secesión de Irak por el dominio militar de Irak. El gobierno demócrata no persigue la reproducción del intervencionismo militar de los republicanos, que costó la pérdida de vidas humanas y el despilfarro de miles de millones de dólares. Obama ordenó la disminución de las fuerzas militares de ocupación en Afganistán. Negocia bilateralmente las reglas nucleares con Irán. Más preocupa el frente de Europa Oriental con la exhumación del expansionismo ruso en Ucrania.
El éxito electoral de partidos de extrema derecha en Europa, opuestos a la inmigración de musulmanes a nombre de banderas xenofóbicas, complica y endurece el ajedrez geopolítico internacional. Un consenso internacional sobre el panorama internacional no será fácil de obtener. Las decisiones que se adopten aportarán nuevas estrategias.