Cambio climático, la encrucijada de nuestro tiempo
Las noticias sobre las tendencias relacionadas con el cambio climático siguen siendo perturbadoras y no buenas. En efecto, de acuerdo con los últimos datos disponibles durante el 2013, la emisión global de gases invernaderos, lejos de decrecer, se elevó en 2.1%, lo que nos acerca aún más hacia el umbral que significa la presencia de dos grados centígrados de temperatura de la Tierra por encima de la observada antes de la Revolución Industrial, Este umbral, como es conocido, se considera un límite a partir del cual se desatarían definitivamente poderosos procesos de retroalimentación, que llevarían a una creciente escalada de la temperatura terrestre, la que al llegar hasta los seis grados centígrados sobre el nivel registrado antes de la Revolución Industrial, significaría la aniquilación del 90% de las especies animales y vegetales y del 80% de la especie humana.
Frente a estas perspectivas es útil destacar que en su último reporte el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado el 6 de noviembre de 2014, asegura que “es sumamente probable que la influencia humana haya sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”, utilizando así un lenguaje diplomático para llamar la atención sobre el carácter antropogénico del proceso de calentamiento global. En términos de perspectivas el reporte del IPPC señala que: “las emisiones continuas de gases de efecto invernadero causarán un mayor calentamiento y nuevos cambios en todos los componentes del sistema climático. Para contener el cambio climático será necesario reducir de forma sustancial y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero”. Esto permite concluir que la creciente emisión de gases invernaderos producto de la actividad humana causará incrementos adicionales en la temperatura de nuestro planeta, elevando así las posibilidades de impactos negativos e irreversibles sobre los ecosistemas y la población.
Con el fin de presentar con claridad el peligro y el reto que se presenta en la situación y las tendencias actuales, se puede recordar que, de acuerdo con los consensos científicos aceptados, para lograr que la temperatura de la Tierra no se eleve más allá de dos grados sobre la existente antes de la Revolución Industrial es necesario mantener la cantidad de gas carbónico en la atmósfera por debajo de un billón (mil millones) de toneladas métricas. El problema radica en que a esta altura ya se han emitido a la atmósfera cerca de 600,000 millones de toneladas de gas carbónico, siendo además cierto que, de mantenerse la tendencia observada, se alcanzaría el umbral señalado en los próximos 25 años. Se trata, entonces, de una situación de extrema urgencia, que debe apuntar hacia un muy significativo recorte de las emisiones.
... SERÁ NECESARIO REDUCIR DE FORMA SUSTANCIAL Y SOSTENIDA LAS EMISIONES DE EFECTO INVERNADERO”.
En una situación como esta es necesario establecer cuál es el origen último del problema. La respuesta, a nuestro juicio, está en la lógica misma del modelo de economía y sociedad en que vivimos, el cual nos está empujando hacia el abismo de la desaparición. En efecto, si nos preguntamos por la forma en que opera la economía actual, aparecen por lo menos dos elementos que chocan con la sostenibilidad del ambiente.
El primer elemento se trata de un modelo de economía basado en la búsqueda incesante y creciente de ganancias, las cuales deben ser nuevamente colocadas para generar nuevas y crecientes ganancias, se trata de un sistema guiado al lucro incansable, que intenta crecer permanentemente dentro de un contexto ambiental que es, por definición finito y con el cual tarde o temprano choca. Se trata de un sistema que genera importantes externalidades, es decir, el que guiado por la búsqueda de la maximización de las ganancias desconoce sistemáticamente los costos sociales y ambientales que genera en su accionar. El segundo elemento es un sistema que produce miseria y pobreza en uno de los extremos sociales, mientras que en el otro genera un consumismo sin sentido, el cual choca directamente con la estabilidad del ecosistema. Como ha señalado el papa Francisco: “un sistema económico centrado en el dios dinero necesita también saquear la naturaleza para sostener el ritmo frenético de consumo que le es inherente”.
El logro de una situación que permita evitar la catástrofe que amenaza a todas las formas de vida, incluyendo a la humana, no se logrará con simples recetas que constituyen parches inadecuados. El desafío está en establecer una nueva civilización solidaria basada en la equidad social y la sostenibilidad. Noemi Klein ha sugerido que la toma de conciencia ecológica puede impulsarnos hacia esa nueva civilización.