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Cambio climático, seguridad alimentaria y barbarie


Juan Jované (opinión@epasa.com) / Economista

Los impactos de la sequía que afecta el llamado mediano oeste norteamericano ya han mostrado sus graves efectos sobre la seguridad alimentaria a nivel global. De acuerdo a la FAO, en los dos últimos meses el precio del maíz se ha elevado en 60% en los mercados internacionales, en condiciones tales que los mismos seguirán su rápido ascenso si se mantienen las condiciones de sequía observadas en Europa y Estados Unidos.

James Hansen, director del Goddard Institute for Space Studies de la NASA, ha llamado recientemente la atención sobre un importante hecho capaz de afectar seriamente las condiciones de alimentación de la humanidad. De acuerdo a Hansen, resulta un hecho científicamente comprobado que los fenómenos climáticos extremos recientemente observados son el producto del calentamiento global de origen antropogénico, afirmando que “las posibilidades que la variabilidad natural haya creado estos extremos es minúscula, evanescentemente pequeña”. Diversos investigadores, por otra parte, han venido advirtiendo que, dado el incremento de las emisiones de gases invernadero, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera llegará a 550 ppm hacia mediados del presente siglo, lo que significaría que la misma sería el doble de la observada antes de la Revolución industrial. El impacto de esto sería de tal magnitud, que resulta probable que la temperatura superficial de la Tierra resulte ser mayor en tres grados centígrados a la observada antes del proceso de industrialización. Estamos, entonces, frente a fenómenos capaces de afectar seriamente las posibilidades de alimentación y vida de la humanidad.

En efecto, el impacto de lo anterior sobre la seguridad alimentaria global se puede ilustrar si se tiene en cuenta que, según los datos del Earth Policy Institute, un aumento de un grado centígrado en la temperatura terrestre por sobre lo normal puede disminuir producción de trigo, arroz y maíz en 10%. En el caso de la soya, un incremento semejante significaría una caída de 17% en la productividad. A esto se deberían sumar los desastrosos efectos de los climas extremos con su secuencia de sequía e inundaciones. Nos encontramos, entonces, transitando en un rumbo, originado por un sistema socioeconómico centrado exclusivamente en el motivo del lucro y la acumulación insaciable de capital, que de no corregirse nos llevará a un efectivo estado de barbarie, groseramente inhumano, brutal y violento, caracterizado por la despoblación, degradación y colapso de la civilización.

La indolencia de las autoridades nacionales frente a la necesidad de prepararse ante los problemas aquí señalados es evidente. Es así, por ejemplo, que de acuerdo a la información disponible se sabe que en este año solo en las provincias de Chiriquí y Coclé se dejarán de sembrar cerca de 11 mil hectáreas de arroz. Esto llevará a que en la campaña agrícola 2012-2013 solo se logren cosechar 5.6 millones de quintales de arroz, frente a una demanda interna de 7.5 millones de quintales, haciendo al país más dependiente de la importación. La vuelta al concepto de soberanía y seguridad alimentaria debe considerarse como una prioridad nacional.

Economista.