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Cambio de hábito o la nueva vuelta de tuerca
En 1985 ya era Vic. Poco conocido, pero Vic, al fin y al cabo. La Prensa, por su parte, era La Prensa. Treinta y un años después dejo La Prensa y sigo siendo Vic, solo que más conocido; y La Prensa, pues, sigue siendo La Prensa.
Solo me resta estar agradecido con esa empresa que me abrió sus puertas y me mostró el mundo desde un punto de vista especial. Me voy enriquecido con lindas e intensas experiencias que fueron esenciales a mi formación profesional y que, sobre todas las cosas, aportaron muchísimo en mi crecimiento como persona.
Me siento muy privilegiado porque a mi paso por la Redacción del periódico disfruté la suerte de trabajar, hombro a hombro, con grandes personajes como mi maestro y mentor el periodista Alfredo “Wilfi” Jiménez: el Garzo; con el escritor Guillermo Sánchez Borbón, que me permitió garabatear en su histórica columna “En Pocas Palabras”; con el doctor Winston Churchill Robles (q.e.p.d.), mi guía en ciencias políticas; con “Chinchorro” Carles (q.e.p.d.), con el Dr. Fabián Echevers, con el inolvidable Herasto Reyes (q.e.p.d.); y con mi uña y carne, el erudito colega y artista Julio Briceño, alias “Rac”.
En fin, puedo seguir mencionando una lista tan larga como un directorio telefónico solo para describir lo que consideraba- y recordaré siempre- como mi gran familia: grandes y entregados trabajadores que fueron el alma verdadera del diario.
Me viene a la memoria la frase de “La Desiderata” que dice: “Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado, porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”. Y la recuerdo en este preciso momento solo para recalcar que no me creo el gran caricaturista- soy solo un caricaturista, por convicción y vocación- pero amo esa actividad y seguiré en ella hasta que Dios quiera; o hasta que, como los dinosaurios, se extingan los caricaturistas. Aunque lo dudo, porque parodiando a un poeta español: “Mientras exista la política escandalosa, / ¡habrá caricatura!”.
Y como la materia no se crea ni se destruye, solo cambia, entonces, voy de muy buenas ganas a un tremendo cambio de materia para que siga la diversión.
¡Tiembla, tierra!