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Cambio de página en la agenda geopolítica del papa Francisco

Por: Redacción 24/09/2015

Guillermo Antonio Ruiz Q. | Ingeniero de Sistemas.  Consultor de Comunicación Política

Es quizás la figura mediática más influyente en el mundo entero. Respetado en cada rincón del planeta, por donde va es admirado por sus formas que combina entre suaves y ásperas, según el tema y el momento.

Con un talante austero quizás nunca visto entre nuestros contemporáneos, el papa Francisco ha logrado que todos estemos pendientes de cada movimiento que hace, cada palabra que dice, cada gesto. Es el comunicador perfecto. Ha logrado llamar la atención en tiempo récord. Al papa Juan Pablo II le tomó años y múltiples viajes llegar al mismo lugar que el actual obispo de Roma en tan poco tiempo.

Por supuesto que la masificación de los medios, el mundo hiperconectado, una Iglesia que ha tocado fondo y que lo único que queda es mejorar, ayudan a que la labor de este papa católico sea como estar frente a un momento que todos saben es histórico.

Él sabe que va contra el tiempo, y no desaprovecha cada instante que tiene para instalar su mensaje para combatir a los enemigos internos en la curia vaticana, combatir a quienes, desde los púlpitos, alejaron a los feligreses de la Iglesia original y los enviaron a otras congregaciones o directamente a desconocer la existencia de un Dios.

Pero, y esto hay que subrayarlo, sin mucha parafernalia y publicidad, ha comenzado a influir en la política mundial como pocos. La caída del muro de Berlín y de la Cortina de Hierro, en la que la participación del papa Juan Pablo II fue fundamental, quizás es el precedente más cercano.

El acercamiento de Cuba y Estados Unidos, con la colaboración primaria de Canadá y secundaria de Panamá, ha sido un hito que marcará un antes y un después en la historia de este siglo XIX.

La gira que realiza el papa Francisco por el país caribeño y el Coloso del Norte nos invita a conocer el pensamiento estratégico que lo caracteriza. A modo de consolidar la tarea iniciada, el vicario de Cristo en la tierra para los católicos ha decidido que, personalmente, su discurso de una vez por todas termine con el último remanente de la guerra fría.

En Cuba, el descontento entre quienes siempre vieron a la Iglesia católica como un aliado, la dispara, y la oposición interna ha visto cómo fueron dejados de lado en esta ocasión. Quizás el mensaje es de llamado a la unidad de estas fuerzas. La dictadura castrista es una sola, monolítica y efectiva en su aspecto letal, cruel pero controla totalmente el aparato del Estado. Por el contrario, los opositores están dispersos, afrentados entre sí y sus intereses van desde lo muy legítimo hasta el personalismo sospechoso. Igual, para la oposición cubana es el momento de hacer un alto y revisar si en esta nueva etapa no es también importante que ellos adecúen su acción y pensamiento.

En cuanto a los Estados Unidos, nunca se había visto al aún popular presidente Barack Obama tan entusiasmado con la visita de un jefe de Estado en sus dos mandatos. Que la totalidad del Órgano Ejecutivo de ese país haya recibido al papa Francisco en el mismo aeropuerto es un mensaje de cambio en un país donde, a pesar de ser una minoría de 70 millones de católicos, el peso de los mismos en la cada vez más amplia comunidad de latinos y descendientes de irlandeses e italianos con influencia electoral se multiplica en el discurso.

Esta visita, en un espacio donde el debate del Partido Republicano, con su precandidato Donald Trump encabezando las encuestas, con un discurso xenófobo y radical que ha calado en un sector igual de extremista en ese país, es un balde de agua fría para este momento tan crítico. Ya el presidente Obama había iniciado una ofensiva un poco más tímida, para no involucrarse en el tema electoral, contra este discurso lamentable, ofensivo y vergonzoso.

Queda claro que el papa Francisco toma esta gira como un final del trabajo iniciado para pasar a la siguiente página. Y todo hace pensar que el mismo será el tema de la familia. Y es que, luego de los eventos en las Naciones Unidas, el papa deberá enfrentar a los cardenales opositores y contrarios a su pensamiento aperturista, y podrían poner contra la pared los postulados que, durante esta gira, está tratando de establecer en la opinión pública mundial.

Estamos a las puertas de acontecimientos que definirán el rol de la Iglesia católica en el mundo, quizás tan importante que, para buscar un momento similar, haya que compararlo con el cisma luterano.

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