Cambio mundial
El anuncio de las relaciones diplomáticas de Cuba y Estados Unidos propone un gran debate sobre los cambios ideológicos y pragmáticos que se vienen dando también en temas como religión, cultura, sociedad. Los antagonismos políticos entre capitalismo y comunismo se han apaciguado en diversos continentes, bien por la fusión de ambos sistemas, bien por el realismo en las relaciones de los países, o por las capitulaciones de rivales históricos.
El comunismo de Lenin y Stalin se disolvió con el desmoronamiento de la Unión Soviética y la desintegración de los satélites de Europa Oriental, hoy estados independientes. La República Federal de Yugoslavia de Tito se partió en pedazos, en medio de luchas étnicas y nacionalismos. La República Popular China viró del comunismo intransigente de Mao Tse Tung al comunismo pragmático de Deng Tsiao Peng, gracias al cual la aplicación de la economía liberal del capitalismo, la convirtió en la primera potencia económica del mundo.
Dentro de la onda de la convivencia pacífica, Estados Unidos sostiene relaciones diplomáticas con China y Vietnam; Francia y Alemania, enemigas en tres guerras, tienen puntos comunes en aspectos estratégicos; Irán negocia con Estados Unidos en política nuclear, algo impensable en la época de los ayatolas; Palestina es reconocido como Estado por la ONU, dejando atrás el terrorismo de la OLP.
Bajo la égida de un pontífice latinoamericano, la Iglesia católica lleva a cabo transformaciones que sacuden las posiciones conservadoras de otros papas, sancionando la inconducta sexual de prelados y sacerdotes, y estableciendo una nueva etapa de diálogo con protestantes, judíos, musulmanes, demócratas seguidores de la política del buen vecino de F.D. Roosevelt y comunistas antiimperialistas de viejo cuño.
Lo que parecía literatura de ciencia ficción y utopías sociales inalcanzables se llevan a cabo tan vertiginosamente que a menudo no llegamos a percibir las dimensiones de los cambios porque nos sumergimos en ellos y nos convertimos en sus actores. Raymond Aron dijo en su libro “La era tecnológica” que “por primera vez, todos los hombres participamos de una historia común. La humanidad está unida tanto por sus grandes conflictos cuanto por sus conquistas tecnológicas”.
La convergencia de los sistemas económicos y políticos suaviza las antiguas tensiones y favorece la concepción de un desarrollo que significa crecimiento y transformación social. Como siempre, los avances registran excepciones ideológicas de hombres y etnias que se resisten a los cambios y tienden a regresar a un pasado obsoleto.
El surgimiento del islamismo como un Estado que resucita califatos y decapitaciones de prisioneros; la división de los Estados de América Latina enfrentados por las diferencias entre la democracia y el autoritarismo como hechos contradictorios en la era de la integración europea y asiática; el mantenimiento de carteles económicos como la Opep basados en los precios especulativos de las fuentes de energía fósil; las corrientes migratorias de los africanos pobres subsaharianos a Europa Occidental y de latinos desocupados a Norteamérica muestran las contradicciones de la historia social del mundo y el imperativo de impulsar más cambios.