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Cambios Constitucionales: pasado, presente y futuro


En días pasados, para mi sorpresa, un medio periodístico, recordó que hace 70 años, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, presentaba a la consideración de la Asamblea Nacional de ese entonces, el proyecto de reformas integrales a la Constitución. Desde ese entonces nuestra carta magna ha sufrido un sin número de reformas, con altos grados de ideologías y fines disímiles, que van desde gobiernos liberales hasta necesidades muy propias de dictaduras de centro izquierda, aunque ahora nadie quiere etiquetarse por temor a perder votos en los próximos comicios.

Ahora bien, considerando que la Constitución es el punto de partida de las relaciones entre gobierno y gobernados, así como la contención de todos los derechos y deberes de los ciudadanos, debemos sopesar que la misma ha sido reformada más de 8 veces. Podría ser esta la causa de muchos de los errores y horrores cometidos tanto por particulares como por servidores públicos. Y es que, tenemos un texto constitucional con espíritus diferentes, dependiendo qué parte se esté leyendo. Estamos hablando de semejante complicación; guardando proporciones, imagínense que estuviéramos ante un contrato de alquiler con 8 adendas diferentes, en el cual empezamos alquilando una simple casita, pero ahora es una galera con opción a compra venta y una hipoteca para la terraza. Definitivamente sería un desorden total y ni hablar del espíritu del contrato.

Algunos miran con cautela una nueva Constitución, por el camino democrático que deberá tomar la misma, al escoger a los redactores de la misma, los cuales deberán ser la representación de todos los ciudadanos, en donde podrán ser electos algunas personas con ideologías contrarias al capitalismo de nuestra historia republicana. Sin embargo, este temor que conlleva a la omisión en estos cambios, sólo otorga más fuerza a estas tendencias, que luego hacen uso de los procesos democráticos para tomarse el poder y perpetuarse en él, que a mi criterio sería aún peor.

Considero entonces que, si queremos un país de primer mundo, debemos comenzar por lo esencial, una nueva Constitución que responda a todas las necesidades políticas económicas, sociales, ambientales y culturales de nuestra patria. Un país que genere riqueza para todos sus ciudadanos, en donde exista una verdadera justicia y los poderes del Estado sean verdaderos contrapesos para evitar gobiernos tiranos.