Cambios constitucionales: ¡Proponga, señor Presidente!
En sus 15 meses de gobierno, el tema constitucional no ha sido prioridad del “primer mandatario”; pero, recientemente, ya cuentan dos las ocasiones en que lo ha mencionado. Lo hizo en Nueva York, cuando asistió a la cumbre dedicada a los “objetivos de milenio” y, también, cuando “concluyó” el diálogo sobre la “Ley Chorizo”.
En la primera ocasión dijo que “el país se encamina hacia unas reformas generales estructurales del Estado”. En la segunda, avanzó que “una comisión como la que revisó la Ley Chorizo” podría ocuparse de preparar un proyecto de reformas constitucionales, para responder, según dijo, a “la demanda general o algo parecido” de que la Constitución sea reformada. Aparte de esos dos avances nada más hemos sabido y, por tanto, nos quedamos sin saber que guarda “in pectore” o cuáles son las ideas que abriga “el primer mandatario” (significa, literal, política y jurídicamente: el que recibe el más importante de los mandatos, y para nada mandante y, mucho menos mandamás, como algunos, erróneamente, piensan, alientan o interpretan).
En sus propuestas electorales, utilizadas como “carta de presentación” para promover su candidatura, suscritas con su firma, el Sr. Martinelli prometía lo siguiente: “Para lograr el fortalecimiento de la democracia y la modernización del Estado, con énfasis en la reestructuración del sistema judicial, legislativo y electoral, se propondrán las modificaciones necesarias a la Constitución Nacional”.
Desde entonces, nada se ha hecho para mejorar el Órgano Legislativo, cuya dependencia del Órgano Ejecutivo ha aumentado hasta la subordinación absoluta. Tampoco ha mejorado la pésima imagen que el país tiene del Órgano Judicial. La última selección de magistrados, desdijo todo lo anunciado en el llamado “plan de gobierno” y durante la campaña. Y, en cuanto al fortalecimiento de la democracia, que debe comenzar por una revisión profunda del sistema electoral vigente, “los resultados” de las interminables discusiones en la flamante “Comisión de Reformas Electorales” no pueden ser más magros; y sólo han servido para confirmar el maridaje entre los partidos gobernantes y de oposición, para esquivar el tema esencial del financiamiento “privado y secreto” de las candidaturas presidenciales.
Todas las constituciones pueden ser mejoradas y, aunque la que nos rige no es, ni de lejos, la causa de los “problemas estructurales” del país, abrir un espacio para la reflexión colectiva y la estructuración de un consenso nacional que culmine en un “paquete de reformas” no es inoportuno. Pero, primero, es necesario “poner las cartas, abiertas, sobre la mesa”. Decir, con absoluta claridad, qué se pretende o, en otras palabras, ¿qué se quiere reformar y para qué?
En el ambiente nacional flota, que el Sr. Martinelli, por iniciativa propia o “porque lo empujan” sus seguidores, pretende allanarse el camino, mediante una reforma constitucional, para la reelección inmediata. ¿Es verdad? ¿Es mentira? El único que puede responderlo es el propio presidente. Y ya es hora de que lo haga.
Que exista una “demanda general de reformas a la Constitución”, es materia para la especulación. Pero, si “el primer mandatario” la ha detectado, su deber, interpretándola, es marcar el rumbo y decirle al país, cuáles son las reformas que “él siente” que son necesarias. Por tanto, la iniciativa es suya. Y, por tanto, ¡proponga, señor Presidente!
