Campañas: La ética política preelectoral
Hace unos días se firmó el pacto ético electoral por parte de ciertos partidos políticos y algunas representaciones de la sociedad civil y otras, mediado por la Iglesia católica en la persona de monseñor José D. Ulloa. Solo faltaron los dos partidos oficialistas, que no comprendo todavía la razón por la cual no lo hicieron. Sin embargo, emitiré algunos conceptos sobre el particular que son una forma muy personal de pensar al respecto y que no tienen nada que ver con la política partidista.
Cuando hablamos de ética en el estricto sentido de la palabra, recordamos la definición de la Real Academia Española de la Lengua que dice: Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre.
Muchas veces esa moral y obligaciones están enmarcadas por costumbres de la sociedad en que vivimos y que nos enrumba por el camino a seguir, según ellas. Otras veces, esas costumbres son contrarias a la ética y nos salimos de los parámetros que nos indican por dónde ir.
Casi siempre la moral nos limita en nuestras acciones y nos lleva a la conservación de los valores que tanta falta hacen en estos momentos. Se nos enseña en el hogar y en la escuela que debemos respetar esos valores y la ética en todo sentido. ¿Qué hay de aquellos que no lo cumplen y se salen de las reglas para hacer lo que les viene en ganas sin respeto por la sociedad donde viven?
Es posible que pueda suceder en los próximos comicios en el país y de nada valdrá un pacto ético firmado con tanta pompa.
¿Qué sucederá si alguien que no haya firmado el pacto emita opiniones contra sus contrincantes políticos y aquellos que lo firmaron decidan responder, violando dicho pacto? Como lo que se ha firmado no tiene poder vinculante y amparado por la “razón” de que a ellos los hirieron y deben responder con otros ataques negativos, iniciamos un dime que te diré ofensivo a la moral de todo un pueblo y no solo de algún partido o agrupación y hasta allí llega lo que se ha jurado cumplir. No habrá ante quién responder por aquello de que no hay obligación alguna.
Más que pactos, los panameños necesitamos una educación política que es una de las tres materias que insisto deben ser enseñadas en las escuelas o universidades. Cada vez estamos más amañados en la corrupción y en creer que lo que digamos no empeorará la situación. Pues creo que tenemos que enmendar las declaraciones, las noticias que publiquen los medios de comunicación y guardar lo negativo que tengamos contra los contrarios para enfilar nuestra campaña en lo positivo que cada uno deseé hacer y presentar al pueblo para, en base a ello, lograr su confianza y el apoyo para con su voto, llegar a los puestos de elección.
De ninguna manera los insultos o hacer público lo que sabemos sobre nuestro contendor, deben ser la tónica de una campaña política.
Recordemos lo que sucedió en 1968 con la campaña más sucia que recuerdo en mi vida y que trajo como consecuencia un golpe de estado militar que duró 21 años con todas las consecuencias malignas que aún vivimos. ¿Es eso lo que queremos para nuestro país?
No perdamos de vista que la policía que se formó en el 89, ahora se ha militarizado un poco y en ellos no tengo la menor confianza porque el día menos pensado pueden darnos una sorpresa.
Recordemos nuestra historia para no repetirla. Pero sucede que muchos panameños tal vez ignoren de qué estoy hablando porque esa parte de la historia panameña no se enseña en las escuelas y ya hay una generación que desconoce lo sucedido.
Si comenzamos a educar a este pueblo políticamente hablando, obviaremos los pactos porque no serán necesarios. Nosotros mismos nos encargaremos de hacer una campaña transparente, sin insultos, con altura, como sucede en países desarrollados, como debe ser en un país culto porque la cultura es la que nos sacará del subdesarrollo para llevar a cabo lo que deseamos todos los panameños. Eliminemos las malas palabras y las ofensas y viviremos en paz para ser lo que merecemos.