Canal ampliado, entre pirámides, hidalgos y torres
Si al ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, luego de culminar con el histórico y exitoso, pero muy controversial proyecto llamado en su momento la "Torre de 300 metros", se le acercara el ingenioso hidalgo don Manuel Manrique, presidente de la empresa Sacyr, con la visión optimista de construir una veintena más de torres en distintas ciudades del mundo, posiblemente su respuesta la colocaría en una cápsula de tiempo, y diría: hombre, esperemos unos 127 años a ver cómo culmina su Canal ampliado y seguramente discutiríamos sobre aquello de los sobrecostos y otros criollos sinsabores.
Para hacer interesante la comparación sobre lo que hoy es una realidad: el Canal ampliado, Manrique manifestó a algunos medios de comunicación que este proyecto, que se ve una vez cada 100 años, ha sido un trabajo ilusionante y un reto muy difícil desde los puntos de vista técnico, logístico, de planificación y de un manejo relacional entre los distintos grupos de intereses en Panamá y el mundo.
Decía que la obra lleva tanto hormigón como para rellenar las pirámides de Keops, o suficiente hierro para fabricar 22 torres Eiffel, pero lo más significativo de su reflexión ha sido el reconocer que para la empresa, la finalización representa un antes y un después. El Grupo Unidos por el Canal, constituido por las empresa italiana Impregilo, la panameña Cusa, la belga Jan de Nul y Sacyr, pasará a la historia por enfrentar uno de los retos de ingeniería más alucinantes de la ingeniería mundial, pero al mismo tiempo podrán contar una historia que en su cronograma saboreó las huelgas, los retrasos y las agotadoras negociaciones en tiempos de calma y crisis.
El desafío tecnológico ha sido impresionante y más de 11 mil profesionales de todas partes del mundo podrán contar con orgullo la misma historia que aquellos quienes construyeron la octava maravilla del mundo, pero agregándole fotos, tuits, mensajes de Facebook o desde el Whatsapp, en las buenas y cuando las cosas se pusieron color de hormiga. Al fin y al cabo, el balance –tal y como lo sustenta Manrique- es positivo, a pesar de los momentos difíciles, fisuras en periodos de prueba, paros e incidentes laborales que provocaron retrasos y una duda que sigue en el ambiente sobre si el proyecto costó $3,118 millones o si en sobrecostos se agregarían $2,300 millones.
La historia de la construcción en el mundo colocará a la ampliación del Canal de Panamá como un referente que por muchas décadas será digno de estudios. Por fin, la obra culminó y al final faltará darnos cuenta de si las aguas del Canal y su exitosa ampliación mojan positivamente las vidas de todos los panameños.
Comunicador social.