Cancún: Políticas nacionales
En lo que respecta a la adaptación (Acuerdos de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre el Cambio Climático - COP16, Cancún, México, diciembre de 2010- ), los esfuerzos de las políticas nacionales aún están dando sus primeros pasos, a pesar de ser urgentemente necesarios. Hasta la fecha y en respuesta a esfuerzos internacionales, muchas iniciativas nacionales se han centrado en identificar las necesidades de adaptación, pero en la práctica se ha hecho poco. No obstante, esas experiencias locales pueden contribuir a la elaboración y aplicación de políticas de adaptación:
La reforestación parcial con árboles frutales en El Salvador, la repoblación de manglares para proteger las líneas costeras en México, o la construcción de casas de bambú elevadas en Ecuador son buenos ejemplos a tener en cuenta.
Evaluar los casos y considerarlos a la hora de elaborar políticas, permitirá a los países compartir y sacar provecho de la experiencia y conocimientos de comunidades que ya han tenido que adaptarse a condiciones climáticas específicas.
Con respecto a la mitigación, América Latina y el Caribe (ALC) tiene que sacar provecho de los incentivos proporcionados por los Acuerdos de Cancún a fin de pasar a la fase de lucha contra el cambio climático. La elaboración de políticas nacionales basadas en un bajo nivel de emisiones de carbono que puedan trabajar en concordancia con la política internacional ya se inició. En 2010 las economías del G20, y también otras, propiciaron o completaron la elaboración de planes de crecimiento económico basados en gran medida en un bajo nivel de emisiones de carbono.
Esta propuesta es alentadora, porque el límite de 2ºC y el crecimiento basado en un bajo nivel de emisiones de carbono previstos en los Acuerdos de Cancún serán imposibles de alcanzar sin un aumento en el uso de energías renovables.
En el caso de los países de América Latina (Brasil, Perú, Colombia), la mayor parte de la electricidad se genera en centrales hidroeléctricas, lo cual ha ido disminuyendo en los últimos años a medida que las centrales alimentadas por gas y de generación térmica han proporcionado una parte importante de esa energía.
Si no se exploran las oportunidades para el desarrollo de la energía hidroeléctrica y otras energías renovables, es probable que algunos países de América Latina aumenten las emisiones de carbono en razón del empleo de combustibles fósiles. Lo anterior sellaría la permanencia de la infraestructura con un alto nivel de emisiones de carbono y los países desperdiciarían sus dotaciones naturales de energías renovables.
El uso de energías renovables tiene que aumentar y avanzar mucho más a través de políticas apropiadas, incentivos y el apoyo de los gobiernos a nivel nacional. Cancún proporcionó incentivos para este fin.
Muchos de nuestros países tienen un potencial enorme para generar energías renovables: las condiciones eólicas en México, Centroamérica, el norte de Colombia y la Patagonia son ideales. Grandes áreas de América Latina reciben elevados niveles de radiación solar y los recursos geotérmicos también son considerables. Un 6% de la energía consumida en el sector transporte ya corresponde a los bioenergéticos.
Los bosques son otro campo en el que la Región puede pasar a la siguiente fase de lucha contra el cambio climático con fundamento en los Acuerdos de Cancún. La utilización sustentable de los bosques tiene beneficios directos para los pueblos que dependen ellos, pero también para la diversidad biológica, la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo. La COP16 puso en marcha medidas concretas para preservar los bosques de países en desarrollo, las cuales continuarán avanzando. Los países de América Latina y el Caribe, deberían aprovechar esta oportunidad y elaborar políticas nacionales relacionadas con los bosques que sigan la línea de Cancún. Este pequeño paso para el planeta debe apoyarse en las siguientes medidas:
De ámbito local, que beneficien a los más vulnerables y necesitados. De ámbito nacional, que impulsen el desarrollo económico sostenible. Duraderas de ámbito internacional, que con un nivel apropiado de ambición y rigor signifiquen un paso grande y consciente para el planeta.
