Capítulo histórico
Hace cincuenta años, la juventud panameña escribió uno de los capítulos más heroicos de la historia republicana, al ofrendar la vida de un puñado de estudiantes en defensa de la soberanía nacional, simbolizada en el derecho irrenunciable al izamiento de la bandera en un colegio de la Zona del Canal. Antes de este episodio tuvo lugar la Operación Soberanía desplegada por estudiantes universitarios, a partir de 1958, para sembrar banderas panameñas en la Zona del Canal, ante la negativa del Gobierno norteamericano de reconocer la soberanía sobre el territorio panameño.
En 1959 la siembra de banderas fue encabezada por el catedrático Ernesto Castillero Pimentel y el diputado Aquilino Boyd, y se producen actos de hostilidad y violencia de la Policía norteamericana, con saldo de numerosos heridos. La gallarda posición panameña influyó entonces para que el gobierno de Dwight Einsenhower dispusiera en 1960 que en un sitio visible de la zona se izase la bandera panameña, como símbolo de la plena soberanía sobre el territorio nacional.
Durante el gobierno de Roberto F. Chiari se produjeron los violentos choques de patriotas panameños y la policía y militares acantonados en la zona ante la intransigencia de profesores y estudiantes zoneítas de negar el izamiento de la bandera nacional.
En señal de protesta, el gobierno del presidente Chiari rompió las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y obligó al régimen de Lyndon B. Johnson a ordenar que el pabellón panameño fuera izado en todos los planteles de enseñanza de la zona canalera.
El trágico martirologio del 9 de Enero de 1964 inauguró una nueva era en el proceso del rescate soberano del Canal con el nombramiento de una comisión panameño-norteamericana para estructurar nuevos convenios en reemplazo del Tratado Hay-Buneau Varilla, rechazado por Panamá desde 1904 con el alegato redactado por Eusebio Morales como abogado consultor de la Legación de Panamá en Washington, en el que se enfatizó que el tratado no constituye cesión de territorio ni traspaso absoluto de soberanía.
La exposición diplomática presentada en forma oficial a Estados Unidos conceptuó, a partir de 1904, que “la República de Panamá no puede aceptar como definitiva semejante interpretación del Tratado que convierte en tierra extranjera una parte de su territorio, que la coloca en desventaja para sus relaciones con los demás países y que le crea una situación difícil y precaria”.
Basándose en estos precedentes y en la lucha de los mártires se cuajó el nuevo Tratado Torrijos- Carter, que recuperó la soberanía territorial íntegra y nos transfirió la administración soberana del Canal.
El mensaje que nos transmiten los mártires es que el patriotismo no puede ser vencido con balas, dinero o la arrogancia de fuerzas extrañas. En esta perspectiva resulta muy significativo que Panamá cierre filas ahora en la defensa soberana de la Autoridad del Canal de Panamá, amenazada por la paralización del proyecto más importante de su historia, en el que se invirtió el talento de nuestros ingenieros, el noble sacrificio de la juventud y el patriotismo de sus estadistas.
Este es un día que debemos dedicar a la trascendencia del mensaje legado por los mártires del 9 de Enero de 1964, que nos exhorta a unirnos, hoy como ayer, en la siembra de patriotismo.