¡Carácter, honestidad, capacidad, integridad!
A propósito del estrepitoso fracaso del régimen de mando personal de Juan Carlos Varela, cuya nefasta politiquería como candidato y como presidente en ejercicio, de "prometer y prometer", matizada con hipocresía innata, colapsó. Las propuestas verbales o escritas (generalmente estereotipadas), son solo enunciados o letras muertas que poco o nada influyen en la solución de los problemas nacionales; lo que importa son las cualidades personales de los gobernantes: ¡carácter, honestidad, capacidad e integridad! Justamente de todo lo que carece Juan Carlos Varela.
El carácter bien formado, representa el temple de la persona para la toma de decisiones sin evasivas ni dilaciones; la honestidad imprime a quien la practica un sello de alta valoración espiritual. No basta con predicar las excelencias de la honestidad. Es menester practicar sus preceptos, vivir sus principios y repeler todo aquello que niegue la preeminencia del valor moral. Honestidad en el sentir, honestidad en el hacer y honestidad en el pensar. Saber mostrarse impermeable a toda incitación a la corrupción, al vicio, al daño y al mal. Librarse de la tentación egoísta de ceder ante intereses creados y saber anteponer la motivación por el bien público a las mezquinas ambiciones de la conveniencia personal son formas de honestidad vividas prácticamente y maneras de enaltecer la nobleza individual.
La mejor propuesta que puede ofrecer al pueblo panameño el presidente de la República -sobre todo en este momento histórico que vivimos los panameños- debe estar enmarcada en su conducta, indicando que anda por las sendas del bien, de la honradez y de la austeridad y que, por ello, siente la satisfacción de poseer una conciencia libre de remordimientos y tener limpio de máculas y de estigmas el tesoro invaluable de su propia ponderación. Así, podría, sin duda, en el ejercicio del poder negarse a hacer concesiones desdorosas y maniobras deshonestas; no debe arquear la espalda en genuflexiones ni zalemas de baja e interesada adulación al empresario poderoso, tampoco negar su apretón de mano al humilde, probo y digno. En una palabra, no le corresponde fingir sentimientos insinceros para comprar ventajas ni privilegios.
Integridad. Comprende este concepto, generalmente confundido con el de la simple honradez individual, las siguientes condiciones esenciales: lealtad, con el superior (en este caso el soberano, es decir, el pueblo panameño), con el igual, con el subalterno, con el público y consigo mismo. La voluntad panameña debe estar en todo instante comprometida con la responsabilidad de no malograr el futuro.
La incompetencia y la corrupción son cosas distintas, pero ambas provocan grandes estropicios. Y está demostrado que los incompetentes pueden dejarles las puertas abiertas a los corruptos y a los serviles, como ocurre actualmente. Por eso, hay que combatir tales males con la misma energía. Esa es una forma de servir a la comunidad nacional eficazmente. Sería de desear que el próximo presidente de la República comprometiera a fondo su Gobierno con la estrategia modernizadora. Y es que del mejoramiento de la gestión, del uso riguroso del presupuesto anual de la Nación dependerá la huella de progreso que deje el designado por el pueblo al término de su mandato.
Resumiendo, más de lo que pueda significar un cuadernillo estereotipado llamado "propuesta", el presidente de la República debería distinguirse por lo que dejamos señalado: "carácter, honestidad, capacidad e integridad"… ¡lo demás viene por añadidura!
*Pedagogo, escritor, diplomático