Cardenal panameño
El antiguo anhelo del nombramiento de un panameño como cardenal de la Iglesia católica fue satisfecho por el papa Francisco con la designación del obispo de Chiriquí, José Luis Lacunza. Nacido en una provincia del país vasco, el obispo, naturalizado panameño hace más de 30 años, ha compartido esperanzas, frustraciones, vivencias y realizaciones, profundamente consubstanciado con la comunidad nacional. Llegó muy joven a Panamá como miembro de la orden de los agustinos recoletos, destacando por su vitalidad deportiva y su solidaridad con los sectores más humildes. Su hoja de vida detalla los puestos relevantes que ha ocupado en el episcopado panameño e internacional, representándonos en sínodos eclesiales y en foros encauzados al aggiornamiento de la Iglesia bajo el espíritu de Vaticano II.
Particularmente en Chiriquí, donde ocupa el obispado hace varios años, se manifiesta una onda de apoyo jubiloso por la elevación del obispo Lacunza al purpurado cardenalicio, lo que reforzará el trabajo evangélico en la provincia y lo ubica en puesto preeminente en el Sacro Colegio Cardenalicio, que nombra a los pontífices. En rigor, a partir del siglo XVI, empezó la presencia histórica de la Iglesia con la llegada del obispo Juan de Quevedo, quien se manifestó en defensa de los moradores de los cacicazgos del Darién ante los inhumanos atropellos desencadenados por el gobernador Pedrarias Dávila. La iglesia de Santa María la Antigua fue el primer templo en tierra continental centroamericana. Luego siguió la erección de la iglesia catedral y la fundación de la primera universidad panameña regentada por religiosos católicos. No amenguó la intervención eclesial en Panamá en todas las circunstancias que la sometieron a riesgo las incursiones de piratas y rebeldes. En el acta del cabildo municipal en que se proclamó la independencia de España en 1821, quedó estampada la firma del obispo de Panamá José Higinio. La separación de Colombia dejó, asimismo, constancia de la solidaridad espiritual de las más altas autoridades de la Iglesia. En el recuento de la posición del alto clero católico no podemos omitir la inmolación del padre Héctor Gallegos y de la ardorosa defensa de la constitucionalidad y los desmanes políticos de la dictadura.
Al renovar el colegio cardenalicio, se transparenta la línea de descentralización aplicada por el papa Francisco. Se han nombrado nuevos cardenales en América Latina, Asia y África, para que la posición de la Iglesia refleje el pluralismo del Tercer Mundo y no únicamente voces europeas. Unos la llaman revolución; otros, renovación. Cualquiera que sea el apelativo que se asigne a las reformas emprendidas por Francisco, no cabe duda de que los cimientos antiguos del Vaticano ya no son los mismos. Los principios fundamentales del catolicismo son sustancialmente intemporales, pero ahora se instrumentan con humildad y energía, ya sea aproximándose a otros credos religiosos con actitud de reconciliación, ya sea repudiando a los que cometieron abusos sexuales contra menores de edad, ya sea reajustando la moralidad eclesiástica desde diversos puntos de vista.
El primer cardenal de Panamá, José Luis Lacunza, asume grande responsabilidad en el cumplimiento de los deberes ante el vicario de Cristo. Panamá no debe ser escenario de represalias políticas y de inconsistencias de instituciones desafectas al ordenamiento jurídico.