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Carnaval sin Paco


Dicen que era difícil. Siempre actuó como provocador. Arrastraba la manta como quien busca, o que la Calle contraria lo apabulle, o un botellazo. Para pelear se necesitan dos y tuvo suerte de coincidir con uno que reacciona a la puya de la otra Calle.

Puede no ser el mejor compañero de tragos en una cantina. Mas, es de los que sabe cuándo y a quién buscar pelea. El fortachón siempre queda como abusador cuando golpea al chico, a menos que resulte esmerado en cuidar apariencia.

No me cuento entre los fanáticos de quienes cultivan la dura crítica sin proponer soluciones. Menos de estilos de comunicación descuidados que rozan la torpeza.

El gaznatón, risible “repatriación voluntaria”, resultó un boomerang que regresó para entrar en una mesa de negociación donde gobierno y coordinadora indígena pactaron la paz social.

El balance final de la decisión de sacar al activista califica como sumamente cuestionable. Intentó eliminar la tarima interna, sólo para otorgar una externa diez veces mayor. Desde allí aquél dispara hacia el mundo entero, lo que incluye y prioriza Panamá. El gobierno, al tomar revancha en momento indebido, erró en el “timming” político por lo que regaló la credibilidad al adversario. Éste ya colgó en la red que, irrespetaron sus derechos, una llamada presidencial selló su destino, y en Panamá no hay democracia.

¿Qué mensaje envía a los preocupados por la libertad de expresión? Resulta fácil colegir del affaire Paco un Panamá de autoritarismo dictatorial. La conclusión resulta más que inexacta. Sostengo que vivimos un proyecto político democrático de virtudes y defectos que corresponde al nivel de conciencia ciudadana. Prefiero pensar que la expulsión fue una decisión impulsiva excepcional que devela las imperfecciones de nuestra democracia.

Sé lo que conlleva ser percibido como provocador. Hace exactos tres años, cierto candidato presidencial afirmó en APEDE, no a muchos les gustaban mis escritos. Aunque no escribo para halagar, aspiro a promover en la sociedad el difícil cambio. Los puristas lo ven como adulación, el sector duro del oficialismo como oposición hipócrita. Mientras, yo hablo a una mayoría moderada.

Paco dejó un frente débil. Desde agosto 2010, Migración ya conocía su status ilegal. ¿Por qué no aplicaron la ley entonces? La respuesta –estábamos pensando qué hacer– Mientras balanceaban el lío internacional que les vendría encima si deportaban al manido Paco, cayeron en la terrible inacción gubernamental. Ahora, la metedura de pata de una “repatriación voluntaria”, trajo de vuelta una cohetera que apenas empieza.