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Carnavales: manipulación de masas

Por: Redacción 27/02/2017

Hasta los Carnavales han sido privatizados. La supuesta fiesta del pueblo; aquella que "permite un alto grado de liberación", es ahora también un escenario de diferenciación de clases sociales. Los espacios públicos los han privatizado las distintas municipalidades a las grandes estructuras de las industrias del licor, medios de comunicación y negocios de discotecas. El pobre panameño tiene que pagar por divertirse, otros tienen que conformarse con los pequeños espacios que faltan por rentar y el más "desafortunado" (excluido) tendrá que recoger lata o ser un trabajador informal. Mientras los mejores posicionados en la estructura de clase social se ubican en las alturas (VIP) lejos de la "chusma" que le sirve.

Durante la Edad Media, el Carnaval suponía un espacio de permisividad individual (libertad sexual, comilona y embriaguez) y social, en cuanto, era "aceptada" la crítica social de la plebe (el pueblo) a las instituciones que detentaban del poder (a la nobleza, al clero y su moral cristiana). En otras palabras, durante este corto periodo la clase dominante perdía cierta hegemonía. A lo que el sociólogo Pierre Bourdieu describe como "violencia simbólica, que designa la dominación de la sociedad -culturalmente diversa- por la clase dominante, cuya cosmovisión -creencias, moral, explicaciones, percepciones, instituciones, valores o costumbres- se convierten la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal".

En el pasado, pobres y ricos se ocultaban bajo máscaras y disfraces; la anonimidad permitía fraguar las críticas sociales a los primeros y pasar por desapercibidos a los segundos. En la actualidad criolla no hay nada de anonimidad. Por una parte, están la clase dominante (los empresarios) y sus gobernantes políticos (en las municipalidades - ATP) despilfarrando las arcas del Estado y haciendo negocios con los espacios públicos para hacer creer que es beneficioso para todos. Mientras, por otro lado, está el pueblo -en medio de sus vicisitudes- tratando de recrearse, pero que en líneas generales -ingenuamente- está aceptando el "status quo" político, social y económico como algo inherente de la naturaleza.

La crítica social es solo parte del pasado, la hegemonía que se impone es la del consumo a cualquier costo. Todo lo que se encuentra dentro del jolgorio está mercantilizado. Este desenfreno consumista es provocado por los empresarios capitalistas, sus campañas de publicidad y la complicidad de nuestros gobernantes. Además, no faltarán los políticos oportunistas con disfraces de pueblerino entre los asistentes, queriendo hacer creer que sus máscaras son reales.

En medio de toda esta construcción social impuesta, los grupos sociales organizados (adversos) tendrán que encontrar una salida para rebatir la hegemonía que impera para volver a ganar los espacios públicos; y desde esos espacios construir su proyecto victoriano.

Estudiante de Sociología, Universidad de Panamá.

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