default

Carnavales: ¡Que el pueblo haga la fiesta!


Cuando esta columna aparezca la sardina habrá sido enterrada, los carnavales serán historia y comenzará, igual que en años anteriores, el rosario de lamentaciones y críticas. Las autoridades que los organizaron se prodigarán en el “autobombo” y el resto de la comunidad volverá a cuestionar los pobres resultados.

El problema radica en que se insiste en hacer carnavales de “de arriba hacia abajo” cuando debe ser lo contrario; la fiesta debe nacer de las entrañas del pueblo. Los pocos carnavales exitosos que hay en Panamá, especialmente el de Las Tablas, deben ser el modelo a seguir. Los tableños, no bien han terminado las celebraciones, durante los doce meses previos a la fiesta del próximo año, comienzan a organizarlos y, sobre todo, “a organizarse”. Y en ese período, organizan actividades para recaudar fondos para financiar a sus tunas, reinas y carros alegóricos.

Los carnavales de la ciudad capital, por ser la principal urbe del país, debieran ser los primeros y más importantes, pero nunca lo serán ni volverán a tener el esplendor que desapareció hace varias décadas, mientras “autoridades interesadas” insistan en manipularlos a su antojo y capricho.

Este año, como en los anteriores, apareció “otro iluminado” que se ha convertido en dueño del carnaval y en repartidor de los 2 millones que el gobierno central les asignó. Antes hubo las llamadas “juntas del carnaval” pero fueron tantas las disputas y denuncias que después de muchas “escamadas”, se acabaron “los voluntarios desinteresados”.

¿Debe haber carnavales en la capital y con patrocinio oficial? ¡Por supuesto! Pero el camino utilizado para organizarlos, en lugar del éxito, asegura su fracaso y la cadena de descontentos que se han hecho institucionales.

¿Cuál es la solución? Pues sencillamente echar a un lado los “iluminados” y devolverle al pueblo su fiesta. Que éste sea el protagonista principal. ¿Y cómo se hace? De la siguiente manera: Anúnciese, tan pronto como sea posible que para los carnales del año 2012, se destinará una suma igual a los 2 millones de este año para apoyarlos. La mitad de esa cantidad podría utilizarse para premiar las 10 mejores comparsas, los 10 mejores carros alegóricos, los 10 mejores disfraces y a los diez mejores conjuntos musicales.

El otro millón podría utilizarse para organizar el reinado. Se convocaría un concurso de reinas escogidas por los diferentes barrios y las colonias que deseen participar; las reinas desfilarían con comparsas y en sus carros los días sábado y domingo de carnaval y la Reina del Carnaval se escogería al final del día domingo, cuando sería coronada y presidiría los festejos del lunes y martes. Las reinas recibirían, una vez escogidas por sus diferentes barrios y colonias un estipendio adecuado para organizar y costear su participación en los desfiles. Y la que resulte como reina de reinas o “reina del carnaval” sería premiada con una suma que compense, con justicia su esfuerzo. Cómo se distribuye el dinero de los premios es una tarea de sumas y restas en la que no considero necesario entrar ahora y que pueden precisar más adelante. Lo importante, es que se tome la decisión y se cambie el rumbo. Los carnavales pueden ser un gran activo turístico y dejar muy buenos ingresos, pero sólo lo serán cuando se les devuelva su esplendor y contagien la alegría que debe ser consustancial a la fiesta, que debe ser del pueblo, para el pueblo y nacida del pueblo.