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Carrera e independencia judicial

Por: Redacción 20/02/2015

La aprobación en tercer debate del proyecto de ley de carrera administrativa, dado recientemente, viene a suplir un gran vacío que había en nuestra legislación y que hacía a los funcionarios judiciales, principalmente a los jueces y magistrados, instrumentos del veleidoso poder político, del poder de empresarios inescrupulosos y cuando no del vulgar chantaje que proviene de la vedada amenaza “te voto”. Amenazas que, dicho sea de paso, también podrían provenir a lo interno del propio órgano y de altos funcionarios judiciales.

LA CARRERA JUDICIAL QUE SE FUNDAMENTA EN MÉRITOS, EN TRAYECTORIAS, EN ESTUDIOS, EN LA ARISTOCRACIA DEL SABER Y DE LA EXPERIENCIA, EN LAS EJECUTORIAS DE UN JUEZ, HACE QUE QUIEN ADMINISTRA LEGALIDAD A UNA SOCIEDAD, SE SIENTA ESTABLE, FUERTE, RESPETADO Y QUE EL PODER DEL QUE DISPONE PARA DOSIFICAR JUSTICIA A LOS CIUDADANOS, LO REVISTE DE UNA IMPARCIALIDAD PROPIA DE QUIENES SABEN QUE NO HAY PODER POR ENCIMA DE ELLOS...

En razón de ello, la independencia judicial, aunque preconizada y reconocida en la Constitución y en nuestras leyes, era un engaño, una falacia, una panacea. Un vulgar engaño en el que solo creían las mentes ingenuas.

UN JUEZ QUE ENTIENDA QUE ESTÁ ALLÍ SENTADO EN UN PINÁCULO DE OBJETIVIDAD, IMPARCIALIDAD E INDEPENDENCIA OBJETIVA Y SUBJETIVA. UN JUEZ QUE COMPRENDA QUE LA COMPETENCIA QUE TIENE PARA CONOCER DE CIERTAS CAUSAS, CONFORME A LA LEY, LE OTORGA EL PODER PARA JUZGAR CON NEUTRALIDAD, IMPARCIALIDAD Y OBJETIVIDAD.

Y es que, no puede ser de otra manera, la carrera judicial que se fundamenta en méritos, en trayectorias, en estudios, en la aristocracia del saber y de la experiencia, en las ejecutorias de un juez, hace que quien administra legalidad a una sociedad, se sienta estable, fuerte, respetado, y que el poder del que dispone para dosificar justicia a los ciudadanos, lo reviste de una imparcialidad propia de quienes saben que no hay poder por encima de ellos que el poder de la propia fuerza de la Constitución y de las leyes.

Un juez en carrera judicial es un juez fuerte. No un juez que se corrompa ni que sea sujeto de corrupción. Sino un juez que entienda que está allí sentado en un pináculo de objetividad, imparcialidad e independencia objetiva y subjetiva. Un juez que comprenda que la competencia que tiene para conocer de ciertas causas, conforme a la ley, le otorga el poder para juzgar con neutralidad, imparcialidad y objetividad.

TAMPOCO SE PUEDE PERMITIR, AHORA, CON LA CARRERA JUDICIAL, A JUECES QUE SE SIENTAN TODOPODEROSOS PARA HACER Y DESHACER, PARA ALIARSE DE LA ARBITRARIEDAD Y DE LA SOBERBIA BAJO EL PODER DE QUE “NADA ME PUEDEN HACER”.

A partir de su conversión en Ley de la República, los jueces ahora sepan que no debe temblarles la pluma para firmar una sentencia, que entiendan que ya no tienen por qué recibir llamadas, de nadie, dándole instrucciones de qué hacer o qué no hacer. Que no sea ya, nunca más, un juez miedoso, melindroso.

Sin embargo, también es decoroso sostener y expresar que tampoco se puede permitir, ahora, con la carrera judicial, a jueces que se sientan todopoderosos para hacer y deshacer, para aliarse de la arbitrariedad y de la soberbia bajo el poder de que “nada me pueden hacer”.

Se equivocan, pues la propia y novedosa legislación dispone de los resortes legales para proceder en contra del juzgador inescrupuloso, lento, perezoso, corrupto, y es menester que las instancias que juzgarán y conocerán de la ética judicial hagan valer su autoridad como hacedores de la realidad de un paradigma harto anhelado por la civilización, en toda época, consistente en que es necesario que los jueces sepan que ellos tendrán que rendir doble cuenta: cuentas a la sociedad y cuentas, sobre todo, al Supremo Juez!

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Martes 4 de agosto de 2026

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