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Carta 78 del Heraldo

Por: Redacción 09/04/2016

Dios lo bendiga, monseñor Emiliani. Estoy deprimida por todo lo que está pasando. Me dan ganas de irme del país. Esta violencia es el pan nuestro de cada día. Esta última matanza en la que mueren 28 personas asesinadas de la manera más cruel es lo que ha rebasado el vaso de mi paciencia. No soporto esto. Yo crecí en el seno de una familia en la que el maltrato era normal. Mi padre nos pegaba por cualquier cosa y hasta mi madre nos golpeaba algunas veces. Vi peleas de mi papá con un tío a puñetazos y al final a machetazos. Los dos fueron hospitalizados. Es el día de hoy y no se hablan. Entonces, traigo de mi infancia el peso de esta carga emocional negativa de violencia que me ha hecho temerosa, que me provoca algunas veces rabia contra mis padres al recordar lo pasado y para rematar, nuestro país lleva ya una época tan violenta que no aguanto más. He pasado una triste Navidad y el año nuevo que viene lo veo peor. En Estados Unidos tengo una tía que dice que me acepta. Yo no me he casado y tengo la carrera de Contabilidad y cuatro años de experiencia laboral. Hace tiempo que no asisto a misa ni a nada religioso y sé que esto también me falta, pero creo que Dios no quiere saber nada de nosotros y menos de mí. Creo que se olvidó de que existe nuestro país y por supuesto que existo yo. Pero, bueno, conozco de su obra, monseñor, y me gustan sus escritos. Sé que es una persona abierta y le escribo por eso.

Mire, hermana, lo primero que tiene que hacer es sanarse de las heridas de la infancia. Urge hacerlo porque usted tiene un trauma de violencia que la hace sentir cólera y amargura. Debe acudir a un sacerdote, ir a un grupo de oración y a un psicólogo. Perdone a sus padres, por favor. Eso es elemental para tener salud mental. Debe procurar un encuentro con el Señor para que la llene. Él está al tanto de todos nosotros y vive y sufre la situación de nuestro país, porque Dios es Padre. En cuanto a nuestra realidad, es cierto que la violencia crece. Hay un irrespeto terrible a la vida. El último suceso de las 28 personas asesinadas nos ha sacudido a todos y nos hace estar de luto ante el dolor de todas las familias involucradas. Pero, estimada hermana, Dios no se dejará vencer. Él tiene todo el poder y Él es la paz y el amor y gran parte de la población busca la paz. Lo que pasa es que el mal suena más fuerte e impacta. Pero son una minoría, funesta y maligna la que sigue creando zozobra y angustia con sus crímenes. Ellos están en contra de Dios y si no se arrepienten se condenarán eternamente. Su poder es limitado y al promover la cultura de la muerte se hacen enemigos de Dios. Nosotros en cambio estamos unidos al que es la vida plena e infinita y con Él triunfaremos. No se desanime ni deje que la domine el miedo. Los malos quieren que sintamos temor, nos desesperemos y hagamos torpezas. En cuanto a irse del país, usted es la que decide, pero mi opinión es que hay que quedarse y luchar y combatir el mal que hay. Dios la bendiga y la proteja, y recuerde que con Él usted es invencible.

Monseñor cmf.

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