Carta desde España La Igualdad
Querido Director,
Nada más leer el título, le habrán venido a la cabeza las tres palabras sobre las que giró la Revolución Francesa de 1.789 y que después han sido adoptadas por el resto del mundo y que teniendo en cuenta sus cientos de acepciones y significados, se quedarán para siempre entre nosotros. De tal manera que “Liberté, Egalité et Fraternité” han sido y siguen siendo, unidas ó por separado, parte sustancial de las doctrinas y banderas de las ya miles de revoluciones y cambios que en los últimos 220 años han acaecido en nuestro mundo. Hoy con su permiso le voy a hablar de la igualdad, fundamentalmente de la igualdad entre hombre y mujer en casi todos los aspectos de la vida, aunque como ya sabe, gracias a las técnicas quirúrgicas tan modernas también se puede conseguir esa igualdad en el apartado físico, que hasta hace poco era la única desigualdad segura.
En España y con la llegada de Zapatero al poder, se creó el Ministerio de Igualdad al frente del cual está una señorita andaluza de nombre Bibiana Aído y cuya principal finalidad y gasto presupuestario consiste en llamar machistas a los hombres, inventar palabras haciendo irregular y casi delictivamente masculinos en femeninos (miembro y miembra; congresos y congresas;). También ha gastado millones de euros en publicar antiguos y muy conocidos cuentos infantiles, pero alterando completamente su argumento original y así convierte a la bruja en un alma de la caridad y a los enanitos en gigantes. Naturalmente y empezando por la falta de capacidad y formación de su titular, el Ministerio (posible ministeria) no ataca de raíz las verdaderas desigualdades, muchas de las cuales están en la propia dinámica de la sociedad y que debes ser corregidas. Existe un machismo perjudicial para las mujeres y también un feminismo perjudicial para los hombres, en el que nadie repara y que muchas veces es más sangrante que el primero, pues suele afectar a los conflictos y resolución de graves problemas familiares.
Le puedo asegurar que en Europa Occidental, excepto en algunas regiones del sur, no existe la discriminación laboral en contra de la mujer, al revés, las mujeres son ya mayoría e incluso inmensa mayoría en algunas carreras universitarias tan duras como medicina, farmacia y algunas ramas técnicas de investigación, por no hablar de la abogacía. Le tengo que confesar que por las características que tienen las mujeres, distintas a los hombres, prefiero una jueza a un juez, pues estoy seguro de que se ha leído muy atentamente el procedimiento, y juzgará con más frialdad. Es muy normal ver empleadas de limpieza, marineras, mineras, conductoras de camión y muchos otros oficios que siendo duros y arriesgados además no están bien remunerados ni para varones ni para féminas. La igualdad llegó también al Ejército y en pocos años ya hay pilotos de aviones de combate, Coroneles de Infantería y Jefes de Escuadrón de Tanque que son mujeres muy preparadas. Es verdad que en algunos ejercicios o destinos se aplica la discriminación positiva que es favorecer a la mujer.
Los gobiernos, empresas y sindicatos tienen que ser muy firmes en combatir la discriminación por el hecho de ser mujer, pero con la misma claridad y firmeza deben salvaguardar la igualdad cuando el beneficiado es un hombre y así los hombres debemos y podemos quedarnos con los hijos en algunos casos de separación y divorcio; si ocupamos un cargo superior, enseñar y recriminar defectos a un subordinado aunque sea mujer y ocupar igual que ellas el número de puestos que nos correspondan y no como se ha hecho en España de la mano de Bibiana, la política de cuotas, es decir, que por Ley las mujeres y los hombres ocupan el mismo número de puestos en juntas directivas de empresas, Administración del Estado y progresivamente en las fuerzas de seguridad.
La peor desigualdad es la igualdad por decreto y, por abajo sin primar la excelencia, sea de hombre o mujer.
Atentamente,
