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Carta a un fanático


(Espero no lo sea usted). ¿!Fanático, yo?! Sí y perdone. Por su forma de violentarse cuando se critica a su partido político, su religión, o su propio ego, eso es. Por el desprecio que muestra a los que no piensan como usted o pertenecen al gremio contrario al suyo; por el odio que respira cuando se expresa de aquellos que profesan un credo diferente….! Pues sí lo es! ¿No se ha visto la cara cuando critica con gusto morboso al otro que es diferente a usted? ¡No se ha dado cuenta cómo agranda sin pruebas los defectos de los otros? Gente como su persona son los que al extremar sus posturas mandan a matar sin remordimiento a los que se oponen a su fe, posición política, raza o cultura. Fanáticos como usted mataron a Jesús de Nazaret en nombre de Dios y del César Romano. La culpa se la echaron sólo a los judíos, pero los romanos ejecutaron al inocente según su ley y por tres siglos persiguieron y asesinaron a muchos cristianos para mantener su poder. Eran fanáticos del César. Cuidado, que probablemente hoy nosotros nos hubiéramos encargado de hacer callar a Jesús en nombre de la religión y de los poderes económicos o de cualquier idea o postura ideológica, si nos hubiera afectado. Fanático usted, pues sí, ya que con su intransigencia condena a todo aquél que tiene una conducta diferente a la suya. El virus de los extremismos lo tenemos en el alma. Todos en cualquier momento podemos ser fundamentalistas.

Fanático es todo aquél que marca con odio y como venido del infierno al que es protestante o católico, o al que es islámico o negro, capitalista, marxista, judío, drogadicto u homosexual, prostituta o ladrón. Generalmente cuando un fanático acusa, solapadamente manifiesta que él sí tiene la verdad, la santidad, la perfección, escudando con eso sus imperfecciones y sintiendo orgullo de su intolerancia. En la medida en que se cultivan los radicalismos, se hace patente la división y los abismos y la estúpida ilusión de que los malos están allá y los buenos acá y eso da permiso al asesinato y a los holocaustos. Por creernos eso en la historia hemos generado un reguero de sangre que tiñe de muerte violenta a millones de personas, generalmente en nombre de nuestros dioses, o de la superioridad de nuestras razas y culturas ¡Cuánto prejuicio en la humanidad! (Sigue el sábado).