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Catástrofe


Sólo las personas insensibles o de corazón de piedra son las únicas que no han sentido algo, pesar o tristeza, con motivo de la catástrofe de Japón. Ciertamente Japón está distante de nosotros y por otro lado este país figura como una de las potencias económicas del mundo y de una cultura muy diferente a la nuestra.

Por un momento estuvimos alerta con el anuncio del tsunami. Se pronosticaron olas de gran magnitud y se alertó a todas las costas del Pacífico de América Latina como precaución frente a lo imprevisto del tamaño de las olas. Estábamos a miles de kilómetros y podían suceder dos cosas o el tamaño de las olas disminuían o por otros factores concominantes aumentarían. Gracias a Dios sucedió lo primero al menos en nuestras costas ya que humildemente a pesar de toda la alharaca que normalmente formamos cuando hay un suceso extraordinario, tenemos que reconocer que no estamos preparados ni para el tsunami ni para ningún temblor fuerte que pudiera suceder. Como en otros sucesos similares todo el mundo se vuelve experto y sabe más que el otro y hasta allí llegamos.

He leído en revistas autorizadas sobre estudios de las placas geológicas marinas y de las fallas que si ocurren ciertos movimientos la suerte del sismo y sus habitantes queda en un signo de interrogación. Es decir no podemos vivir y creer que aquí no puede pasar nada, sino todo lo contrario.

Lo que duele de lo sucedido en el Japón, es que han sido varios los fenómenos, primero el terremoto en la escala de Richter de 8.9, luego el oleaje y el tamaño de las olas de hasta 30 metros y que llegaron 5 kilómetros tierra adentro, luego el peligro de las centrales nucleares y ahora las nevadas con temperaturas bajo 9. ¿Qué más le puede suceder? Aquí viene al dedo aquello “cuando veas la barba de vecino rapar, pon la tuya a remojar”.

La fe nos dice que esto no lo ha causado del Dios Omnipotente, muchos quieren atribuirle a Dios como un castigo, pero aquí más bien habría que preguntarles a los científicos -que dicen que todo lo saben- una explicación válida y a ver si el hombre puede inventar algo para evitarlo. No creo yo que tenga nada que ver de Ecología, ya que este es otro campo. Pero la pregunta la hacemos a los que prescinden de Dios y creen que tienen la respuesta por sus medios, a ver ¿qué? Y quedamos todos más que encontrar respuesta afinando nuestra condición de seres pequeños que confiamos y seguiremos confiando en su divina misericordia. ¿Qué más nos queda? Cultivemos la solidaridad con los que sufren y si no podemos hacer nada al menos una oración vital.