CD, juntos por la reconciliación
Para nadie es desconocida la realidad traumática de los panameños, al tener un gobierno empecinado en dos líneas de ejecución, la primera distinguible por su énfasis en colocar como reos a sus adversarios y la segunda por su inclinación a favorecer a quienes les respaldaron en su ascenso al solio presidencial. En ambas vertientes se avizoran a corta distancia inconveniencias que podrían truncar la culminación del periodo para el cual Juan Carlos Varela Rodríguez fue escogido. Esta posibilidad no es remota y sería un retroceso que nos llevaría cincuenta años superar, por ende, es pertinente advertir a los complotados que cesen sus actividades.
Conocemos que es precisamente del denominado círculo íntimo en donde se están forjando las herramientas y el método para realizar irrumpir el orden constitucional y, en atención a tal circunstancia no podemos guardar silencio, ya que detrás de ese movimiento existe la decisión de acabar con el Partido CD y su dirigencia. Como lo lee, el sector más recalcitrante de la oligarquía está dispuesto a defenestrar a su delfín porque considera que se ha apartado del objetivo que los atrajo a depositar fuertes cantidades a su favor con el fin de entronizar la anarquía en nuestro territorio, como lo hicieron en Bocas del Toro, Chiriquí y Colón.
Es la trillada orquestación consistente en hacer lo que sea necesario, pero no responsabilizarse de las consecuencias a menos que tenga éxito la asonada. Dónde y por qué surge esta insatisfacción en el varelismo. Inicialmente todo era color rosa, pero los intereses diversos que los dividen comenzaron a demarcar las líneas propias de la conflagración. Mientras unos tienen el concepto del aniquilamiento político a los opositores, otros como excelentes mercachifles de la economía sienten que ha llegado el momento de volver a ubicar a la sociedad panameña en los escarceos propios del nuevo orden mundial, escenario en donde las capas poblacionales desprovistas de protección económica y política son un costo que debe ser como en toda buena empresa explotadora disminuido a su ínfima expresión.
Hasta hace unos días, el CD carecía de un dirigente de masas, reclutador de sectores, pero surgió y se llama José Raúl Mulino, tiene retos inmensos que vencer, el primero lograr la reconciliación del partido y la conquista de los puestos de dirección para colocarlos al servicio de las bases e iniciar el peregrinaje hacia el templo de la maldad y penurias que sufre nuestra gente, sí, ese edificio en donde las garzas se fueron y reinan las tortugas.
Abogado