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Celebración global


Los recientes “cantos de libertad” en los países árabes y musulmanes, que han dado o darán al traste con sus fuertes y longevos gobiernos, es vista por propios y extraños con mucha alegría o conveniencia, sin embargo, lo que muchos no entienden es que se trata de rejuegos de poder internos de pueblos cuyas idiosincrasias, valores y creencias no son iguales a los nuestros. Por ejemplo, al estudiar sus legislaciones penales, notamos que su sentido de la ética es más elevado que el nuestro, y su sentido de libertad y gobernanza depende de su fe religiosa. Su historia demuestra que son proclives a los cambios en atención a su cosmovisión, los liderazgos que se levantan entre ellos, el aprovechamiento de sus recursos naturales, sus diferencias tribales, sus luchas anticolonialistas y su posición estratégica mundial.

En este orden de ideas, debo precisar que Túnez y Egipto son los que han sido noticias en las últimas semanas ya que jornadas de intensas protestas de grupos opositores, que esgrimieron como elementos discordantes la corrupción gubernamental y la falta de democracia, fue el desencadenante de los derrocamientos de sus gobernantes Zin Al Abidin Ben Ali y Muhammad Hosni Sayyid Mubarak, respectivamente. En similares circunstancias, según los cables noticiosos internacionales, se encuentran otros países, como Bahrein, Yemen y Libia, que al igual que los anteriores, son mayormente islámicos y árabes.

La comunidad internacional y las superpotencias siguen de cerca estos acontecimientos y han transmitido su llamado al diálogo con el fin de procurar una calma que nunca ha sido estable, o por aquello de la conveniencia, que dije en líneas anteriores, podría ser que los poderes fácticos globales están más interesados en adquirir más control geopolítico y socioeconómico, o simplemente no perder el que ya tienen. Para entender más a los países musulmanes y árabes, es necesario investigar, leer y estudiar objetivamente acerca de ellos, y no ser sorprendidos en nuestra buena fe.

Quiero dejar claro que no censuro ni cuestiono a los pueblos árabes y musulmanes, de los cuales tengo muy buenos amigos, sino más bien trato de hacer un simple análisis que me genera como interrogante ¿si los nuevos gobiernos darán paso a reformas profundas e integrales que permitan la libertad de culto, la libertad de reunión y otros derechos elementales para la sana convivencia entre los seres humanos? De lo contrario, no le veo sentido a la celebración global.

gadarovi@gmail.com