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Centenario del Día Internacional de las Mujeres


Este 8 de marzo se conmemora el primer centenario de celebración del día internacional de las mujeres. Será una gran celebración en distintos lugares del mundo. En Panamá, lamentablemente, la fecha se diluye con la realización de los carnavales en la cinta costera, que solo busca distraer la atención de la sociedad de los graves problemas nacionales.

Hasta hace pocos años –aunque parezca una eternidad- las mujeres dependían para todo del padre, de los hermanos, del marido o de los hijos. Pocas tenían el privilegio de acceder a carreras universitarias y la gran mayoría dejaba de trabajar una vez contraían matrimonio. Y aunque la historia ha cambiado bastante y de manera positiva en esos 100 años, gracias al feminismo y a las feministas y, se puede decir que vivimos mejor, todavía no se puede hablar de igualdad real entre hombres y mujeres.

La mayor parte de los avances logrados en este centenario, se ubican en el espacio público, no así en la esfera privada, en la que los hombres siguen teniendo poder y control; en donde no comparten por igual derechos y responsabilidades; donde las mujeres, por el hecho de ser mujeres siguen siendo en su gran mayoría las únicas responsables del cuidado de la casa, de la crianza, cuidado y educación de hijos e hijas y de las personas mayores.

El ámbito privado del hogar, que debiera ser el más seguro, es el escenario en el que las mujeres siguen siendo maltratadas física y psicológicamente; violadas y asesinadas por quienes supuestamente dicen amarlas. El mismo espacio en que a los hombres, para ser buenos padres, solamente se les exige que aporten económicamente y que atiendan a los niños, si acaso los fines de semana, mientras que a las mujeres se les exige esas responsabilidades las 24 horas.

Por otro lado, acceder al mercado laboral o al ámbito político en igualdad de condiciones es todavía difícil. Las que lo logran tienen que ser buenas en todo, y esforzarse mucho para llegar a la meta; diría yo que tienen que ser perfectas porque a las mujeres se les exige un nivel de responsabilidad superior al que se exige a los hombres.

Problemas culturales, como el machismo, el sexismo, la misoginia, siguen asentados en muchas culturas; la religión, que, pese a ser un asunto de conciencia y pertenecer al ámbito privado, marca el comportamiento de muchas sociedades y profundiza en la desigualdad y en la discriminación; la aceptación de la violencia contra las mujeres y las desigualdades extremas: pobreza, género, impunidad y falta de acceso a la justicia, siguen siendo barreras que limitan la plena igualdad de las mujeres.

En definitiva, todavía el camino hacia la anhelada y real igualdad entre hombres y mujeres tomará un trecho largo. Y aunque hemos ganado en libertad, independencia económica, estudios y respeto profesional, el precio a pagar es muy alto. Surge la pregunta: necesitaremos otros 100 años para lograr la plena igualdad? Como bien lo dice la escritora y abogada costarricense Doris María Arias Madrigal: “La igualdad no debería implicar que las mujeres nos comportemos como hombres ni, tampoco, eliminar las diferencias entre ambos sexos, sino eliminar lo masculino como paradigma de la igualdad.”