Centroamérica no deja de llorar
En este fenómeno que crece día con día, están involucrados México, Guatemala, El Salvador y Honduras.
Cada uno de ellos con sus propios problemas de violencia, pero en la mayoría de los casos, en las últimas fechas, con hechos vinculantes que han traído luto y dolor a lo largo de la frontera.
Recordamos la masacre de Tamaulipas, en agosto de 2010, en la que 72 indocumentados fueron masacrados y el grupo de “Los Zetas” está presuntamente involucrados.
Después de este incidente, los países han tratado de reforzar sus fronteras, pero todo ha sido en vano, ya que en abril de este año, en Durango se descubrieron varias fosas clandestinas y hasta la fecha se han sacado más de 200 cadáveres, causando preocupación por aquellos que tienen a un familiar que busca pasar de México a Estados Unidos, y del que hasta hoy no han tenido noticias.
Las cosas no terminan allí, puesto que el pasado domingo, la región fue estremecida por otro incidente sangriento, esta vez en territorio guatemalteco, ese día 27 humildes campesinos perdieron la vida por problemas entre narcotraficantes.
No hay que olvidar que este país, hace 36 años vivió la peor masacre por una guerra civil, y trata por todos los medios de que los actos de violencia no se les salgan de las manos. Pero al parecer, los proyectos de seguridad que se han puesto en marcha resultan insuficientes.
En cuanto a El Salvador y Honduras, estos tienen sus fantasmas internos, pero se han visto afectados por la muerte en la frontera, porque sus ciudadanos buscan un futuro mejor.
Queda claro que los mandatarios de estos países deben buscar a toda costa la fórmula que les permita proteger a sus ciudadanos de toda esta violencia sin frenos.
