Centroamérica-Perú: TLC y el Parlacen
Los Tratados de Libre Comercio (TLC) son parte de la estrategia económica que ha venido predominando en el escenario de las relaciones comerciales en las distintas regiones del mundo. Se trata, para decirlo de manera sencilla, de abrir “espacios de oportunidades” (así, entre comillas) que ayude, a quienes negocian las rebajas sustanciales de los aranceles, a mejorar la participación en el mercado de bienes y servicios, facilitando las exportaciones como las importaciones dentro de un marco de políticas preferenciales para las partes, aunque no necesariamente todas las partes asisten con iguales condiciones. Las aspiraciones, no siempre logradas, fijan caminos de provecho para los mercados locales con la pretensión de que ello genere, como efecto dominó, otros beneficios sociales.
Los beneficios sociales desprendidos de estas experiencias, con varios años ya de recorrido, no son aún muy evidentes, aunque el grado de efectividad y resultados dependen de quienes evalúen el proceso. Lo que sí es cierto es que la llegada, de mejores días para el conjunto social, aún sigue en espera. Hay un aspecto que habría que considerar. Los TLC no son sólo medidas comerciales que impregna a sectores aislados de la economía; lo que resulte de estas iniciativas incide en la sociedad en su conjunto y en diversas direcciones, por lo que para su adopción (presentarlos y aprobarlos) debe garantizarse la activa participación de los sectores sociales. Cuando se negoció, entre el 2004 y 2006, el TLC entre República Dominicana, Centroamérica y los Estados Unidos, el espacio de las consultas, a juicio de algunos, no fue el requerido para que las expresiones de la sociedad civil, accionaran con efectividad para oponerse al proyecto. Es conocido que la CEPAL, después, señaló que el CAFTA no tenia soluciones reales para los problemas de Centroamérica, siendo solamente una herramienta económica.
Precisamente, la importancia que tienen las negociaciones de convenios, bilaterales o regionales, en temas tan sensibles con son los comerciales, que, incluso, reorientan los modelos funcionales de las economías, es lo que, para el caso del sistema de integración centroamericana, abre los espacios para que sean conocidos, y considerados, otros puntos de vista. Este importante aspecto, ausente al momento de negociarse el CAFTA, es considerado para los futuros convenios a beneficio de la participación ciudadana, gracias a la nueva facultad del Parlamento Centroamericana como lo establece el literal q del artículo 5: “emitir… opinión ilustrativa previa a su aprobación …sobre cualquier tratado, convenio o acuerdo regional o cuando se trate de instrumentos internacionales a suscribirse por los Estados miembros, siempre que se relacione directamente con la integración”.
El TLC que se negocia, actualmente, entre Centroamérica y Perú, debe ajustarse al contenido del artículo 5 arriba citado. Ahora bien, la “opinión ilustrativa previa” no debe verse como “simple formalidad”; más que esto, lo que debe expresarse es la visión, no solo popular sino los fundamentos técnicos-económicos, que surja del estudio y de las consultas que en los distintos países realicen las bancadas nacionales y, así, en el marco concluyente de tales iniciativas, sea este el método que materialice mejores espacios para el desarrollo comercial de la región; y que, para alcanzar esa meta, no se pierda el horizonte de los beneficios sociales para todos los centroamericanos.
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