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Centros del crimen


Los índices de criminalidad siguen en aumento todos los días en Panamá y con ello la cantidad de personas que van a dar a las cárceles a pagar sus condenas por delinquir.

El problema de hacinamiento en los penales no es nuevo y, a pesar de las intenciones de las autoridades por acondicionar o construir nuevas estructuras para albergar a los privados de libertad, los planes aún no se concretan.

En Chiriquí, Las Tablas y Veraguas, solo por mencionar algunos lugares, las situaciones de los penales son parecidas.

Los reclusorios fueron construidos para una cantidad limitada de detenidos, pero a la fecha la capacidad de reos se duplicó.

Además, las instalaciones fueron edificadas cerca a las ciudades, por lo que ya el Ministerio de Gobierno debería ir pensando en trasladar estos penales de lugares.

Pero si en el interior del país la situación es complicada, en los centros penitenciarios La Joya y La Joyita podría definirse como tétrica.

No hay espacio para los detenidos, las condiciones son infrahumanas y las políticas de resocialización no existen.

En momentos en que se acerca el plazo para la salida de la Policía como custodio de los reos, urge que las autoridades apliquen las medidas necesarias para evitar que los penales sean centros del crimen, en donde sus inquilinos perfeccionan su ingenio para delinquir, en vez de tener la oportunidad de reinsertarse, como hombres y mujeres de bien, a la sociedad.

Los detenidos exigen sus derechos; sin embargo, también tienen deberes que cumplir, a pesar de que conviven tras los barrotes que ellos mismos eligieron.

Una buena jornada de limpieza en los penales, en la que participen los detenidos, sería un buen primer paso para un cambio.