Cero intolerancia
Claro que nuestro país ha avanzado en tolerancia, si se compara con la época colonial, cuando los negros e indígenas, sirvientes y esclavos eran expulsados del intramuros de la ciudad de Panamá cada atardecer hacia el extramuros. Pero un informe de derechos humanos de abril de 2010 muestra que a pesar de que los grupos minoritarios se han integrado a la sociedad, todavía se observan prejuicios con respecto a los nuevos inmigrantes, los negros, los indígenas y los homosexuales. Es injustificable, que en pleno siglo XXI todavía se presenten prejuicios, que conducen a la intolerancia y hasta la discriminación contra los grupos mencionados. A pesar que las Constituciones y leyes nacionales inspiradas en la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aseguraron institucionalmente la tolerancia, transformando el precepto moral a norma jurídica, como aspecto fundamental de los derechos humanos, la intolerancia aún empapa las costumbres y comportamientos sociales.
El origen de la intolerancia radica en varios factores que van desde el fanatismo, el racismo, los fundamentalismos religiosos y políticos, el autoritarismo, y también la ignorancia. En el fondo subyace una concepción excluyente de los demás, que niega la inclusión y desprecia y castiga la diversidad. Es expresión de una sociedad panameña, que no es solo desigual económicamente, sino también en las relaciones sociales y culturales.
La tolerancia se sostiene sobre dos pilares: uno, que ninguna persona posee la razón y verdad absolutas. Dos, reconocer y hacer valer el respeto mutuo que se deriva de la creencia en la igualdad fundamental de todos los seres humanos.
Es fundamental comprometernos a respetar la opinión ajena, especialmente si es diferente a la nuestra, a entender que el conflicto es enriquecedor cuando su solución se tramita democráticamente, y que todos los puntos de vista expresan formas diversas de mirar y apreciar una situación.
Para ello juega un papel fundamental, la educación para todos y todas y a lo largo de la vida; los medios de comunicación, las iglesias, ONG y sociedad civil, la cultura y el arte, los partidos y líderes políticos que deben orientar, educar y dar el ejemplo de la tolerancia.
Nuestro principal reto es la construcción pluralista de la tolerancia que enfatice no en la exclusión, sino en la inclusión del mayor número de iniciativas y puntos de vista necesarios para el crecimiento de una sociedad democrática, en la cual la tolerancia, como conjunto de principios de la convivencia civil aporte a conformar una ciudadanía plena e integral. Mejor lo expresa Pablo Neruda: "Conversar con todo el mundo. No temer el contagio de los adversos. Ningún conflicto es un túnel cerrado y la luz del entendimiento puede entrar por los dos extremos."
(raulleisrhotmail.com)
