Changuinola, la suma de todas las intransigencias
La crisis en la provincia de Bocas del Toro se da cuando confluyen en ella varias muestras de absurda intransigencia de varios sectores. Pero la más evidente ha sido la obsesiva postura del gobierno al desoír los reclamos populares que vienen dándose en Panamá. En el ojo de la tormenta está la ministra de Trabajo, Alma Cortés, quien manifiesta la inamovilidad política del gobierno al insistir que no se revisará la denominada “ley chorizo” (Ley 30), epicentro de casi todas las protestas. La intransigencia se ha extendido. La huelga de varios días del Sindicato de Trabajadores de la Bocas Fruit Company (SITRAIBANA) creó una movilización obrera generalizada que imbricó sinérgicamente con lo social, pero de manera violenta. Un clima donde es más difícil anidar el diálogo perdido, especialmente con una huelga nacional en perspectiva. Hay que buscar la confianza política, pero con la moderación que la misma Iglesia está pidiendo. La lógica obliga a preguntar, ¿no habría que empezar a restaurar la paz social por lo que originó el problema?
Hay leves, pero pocos indicios de que el gobierno flexibilice sus decisiones. Tan sólo unas horas antes de que estallara la violencia en Changuinola, el presidente Martinelli decía -en TV- que el origen de la crisis en Bocas se debía a los “kamikazes del PRD”. Estos conflictos no son tan simples, más aún cuando el partido opositor anda huérfano de líderes y seguidores. El conflicto no se ha saldado, subyacen incomprensiones por leyes inconsultas y posiciones intransigentes.
