Chapera, ese paraíso maldito
En Colombia lo vincularon al Cartel del Valle del Norte, quizás la última gran organización criminal que estremeció el país vecino con muerte y droga.
Su supuesto papel: organizar las comunicaciones del cartel que lideraban los hermanos Henao: Fernando Henao, Arcángel Henao, Lorena Henao y Orlando Henao, el jefe.
Nelson Urrego jura, una y otra vez, que eso no es cierto.
En 1998 cayó preso y lo encerraron en la cárcel de La Picota, en Bogotá. Allí comenzó a colaborar con varios servicios de inteligencia de Estados Unidos y terminó “plantando” cuatro teléfonos satelitales intervenidos a las FARC.
En 2001, Urrego fue liberado. Un año después, se mudó a Panamá.
La cárcel de “La Joyita” huele a encierro. Media hora esperando en un patio especial, tras pasar dos controles, y la primera imagen es la de un recluso caminando a la enfermería, con una herida a la altura del pecho.
Al rato, se presenta Urrego con un guardia.
Está mucho más flaco desde la última vez que lo entrevisté, en la cárcel de El Renacer.
Esta vez - como aquella en 2008- fueron 2 horas de charla, que saldrá publicada el próximo domingo en el suplemento Día D.
Urrego fue detenido en Panamá el 15 de septiembre de 2007 acusado de supuesto blanqueo de capitales. “Tengo la conciencia tranquila”, repite una y otra vez, al hablar de su situación legal. En unas semanas, enfrentará su audiencia.
A Urrego no lo detuvieron en una calle de la capital, ni en una finca del interior: la Policía Nacional llegó a su paradisíaca isla en el Archipiélago de las Perlas, llamada Chapera.
En ese momento se terminó su libertad.
En su isla, quizás el motivo de su encierro. O, al menos, eso es lo que él asegura.
Tras casi 4 años preso sigue pensando lo mismo. No cambió.
La desgracia –su desgracia, dice- fue esa hermosa isla.
Y el político que quería quedarse con ella.
