¡Chi-Chi-Chi... Le-Le-Le!
“Los países en vías de modernización... tienen grandes carencias... Pero en medio de todas ellas hay una mucho más grave: un déficit de comunidad política”. Es una de las conclusiones más resaltantes de Samuel P. Huntington, en esa obra fundamental que es “El Orden Político en las Sociedades en Cambio” y que los latinoamericanos nos hemos dado el lujo de ignorar.
Viene a la mente que acaso el “Déficit de comunidad política” es una carencia que los chilenos no sufren ya, cuando la televisión muestra a toda la nación movilizada en apoyo a treinta y tres trabajadores sepultados en una mina, a setecientos metros de profundidad. Y cuando la gente, de todas las edades, manifiesta, por calles y veredas, esa alegría poblada de banderas, y del mismo grito con el que aúpan a la selección nacional de fútbol. Es todo Chile, desde el presidente Piñera hasta los niños que corean el grito nacional al paso de la excavadora que habrá de traer a la vida, a los sobrevivientes; los mismos que han hecho historia por su coherencia como grupo, y su organización como equipo, para sobrevivir en condiciones imposibles, con la fe puesta en la solidaridad de sus compatriotas.
La misma presencia de comunidad que les permitió salir de una tragedia política para construir la paz en la concertación y de uno de los peores terremotos de la historia, para retomar rápidamente la senda del crecimiento. Toda una lección.
