China, asignatura pendiente de la política exterior
La civilización China, con más de cinco mil años de historia, ha superado toda clase de obstáculos desde: la Guerra del Opio, la opresión en su vasto territorio destrozado por guerras internas y externas que generaron el caos social, la anarquía, el hambre, el frío y toda clase de subyugaciones externas. A mediados del siglo pasado, las fuerzas sociales más avanzadas en China emprendieron una revolución antiimperialista y antifeudal que condujo al pueblo chino a cambios sociales con un porvenir que puso fin a perturbaciones que persistían en la época moderna.
Con la reforma económica, liderada por Deng Xiaoping en 1978, se promovió el programa de un socialismo con peculiaridades chinas, una visión estratégica del desarrollo y progreso inspirada en la política de apertura, modernización y crecimiento económico que ha repercutido en el bienestar del pueblo chino hasta convertirse en la mayor factoría del mundo. Apelando a su proverbial paciencia, los dirigentes chinos proyectan los intereses estratégicos de su país, armonizando su crecimiento económico con el impulso del bienestar social y la estabilidad e institucionalización, una sociedad compleja que se moderniza sin renunciar a sus valores culturales y tradiciones. Factores económicos, sociales y demográficos revelan que China, con su importante innovación tecnológica y sofisticación financiera, se posiciona como la segunda potencia económica, política y cultural. China, como miembro permanente en el Consejo de Seguridad lejos de ambiciones armamentistas y militaristas, está aplicando la apertura, fomentando la amistad y la cooperación inspirada en Principios de Coexistencia Pacífica procurando un orden mundial multilateral más equilibrado.
La administración de crisis financiera mundial y su auxilio para mitigar los efectos que atraviesa Estados Unidos y Europa, puso a prueba el pragmatismo y responsabilidades mundiales de los dirigentes chinos. A tal punto que el posicionamiento de China en el escenario internacional tiene una influencia decisiva en los equilibrios mundiales. Su potencial demográfico de 1350 millones de habitantes, el país más poblado de la tierra, la quinta parte de la población mundial está realizando una revolución sin precedentes en la historia de la humanidad, la que durante los últimos treinta años ha sacado de la pobreza a más de trescientos millones de chinos (población comparable a la de Estados Unidos). El tema de Taiwán (asunto interno de China) evoluciona con el pragmatismo que caracteriza a los chinos en ambos lados del Estrecho, avanzando sobre sus coincidencias y abordando sus diferencias en el camino. Taiwán tiene 16 acuerdos con China, incluyendo un Tratado de Libre Comercio, por lo que Panamá no puede constreñir sus contactos solo al ámbito comercial con el coloso asiático.
La ampliación del Canal incrementará el flujo comercial desde el Asia del Pacífico, y la condición privilegiada del país en su interconexión entre ambos océanos lo enfrenta ante el insoslayable desafío, establecer relaciones con un socio estratégico que está experimentando cambios sociales en una amplitud sin precedentes, con enorme vigor al desarrollo y progreso. La influencia y liderazgo de China en la región de mayor crecimiento en el mundo, obligan al Estado panameño a examinar sus relaciones con su quinto socio comercial en la región, su segundo usuario del Canal que tiene inversiones portuarias interoceánicas y que es primer proveedor de mercancías de la Zona Libre de Colón. El dinámico crecimiento económico de China ya no es una asignatura pendiente. No hay que dejar que los acontecimientos ocurran, hay que tener el valor de hacer historia.
