Ciclo de amenazas
Los gremios magisteriales del país y las autoridades de Educación, por años, se han mantenido enfrascados en una disputa que en nada ha contribuido a mejorar la pésima enseñanza que reciben los alumnos panameños.
Los reclamos son los mismos de siempre: amenazas de huelga nacional, suspensión de clases por planteles en mal estado y mejoras salariales.
A pesar de que los docentes han recibido respuestas a algunos de sus reclamos justos, también es necesario que de una vez por todas antepongan sus intereses por el bien de la juventud.
Además, para llevar el barco a buen puerto, es necesario que la titular de Educación ponga de su parte y baje el tono de la discusión, pues en varias ocasiones su prepotencia no es la mejor arma a utilizar en una disputa, cuyos resultados siguen siendo los mismo: más estudiantes fracasados.
Su intenciones por tratar de mejorar el nivel de las instituciones más difíciles en el Gobierno es loable, pero como profesional de la comunicación conoce muy bien el impacto de una palabra mal dicha en un ambiente convulsionado.
Mientras estos dos actores siguen en su conflicto, miles y miles de alumnos panameños siguen fracasando. Es bueno que de una vez por todas, empicen a pensar que los principales son ellos.
Pero el ciclo de las amenazas apenas empieza y que la luna de miel con el Gobierno ya terminó después de dos años en el poder.
Ahora son los médicos los que también han dado un plazo de una semana para que las autoridades de la Caja de Seguro Social cumplan las promesas hechas hace tres meses de mejoras en su ambiente laboral.
El país no puede vivir en zozobra y, cuanto antes, las autoridades deben prestar atención a este problema que pondría poner en peligro la vida e miles de panameños.
El mejor camino para acabar las disputas innecesarias entres gremios y Gobierno es el diálogo.
¿Por qué son tan reacios a usarlo? En estos choques, por más que el Gobierno no lo reconozca, “los que pierden somos más”.
