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Ciencia, tecnología e innovación


Tome usted un billete de cien dólares de Estados Unidos y obsérvelo. Aparece allí un sujeto calvo, desgarbado y redondo; nada que hubiera animado a cualquier moderno ejecutivo de medios, para una campaña electoral, de no mediar el apoyo de una caja muy voluminosa. Es Benjamín Franklin: un sujeto del montón, autodidacta, empresario de medios y político norteamericano. Si, leyó bien: político. Y, además, un hombre de considerable impacto en el esfuerzo independentista de su país, y en la empresa de dar rumbo a la política y al gobierno de lo que después sería la primera potencia del mundo. ¿Qué relación tienen estas notas con el título escogido? Ninguna. O mucha, según se vea. El caballero de marras era un hombre “del común”, un científico y, por fuerza de las circunstancias, un político de alto impacto e inmensa responsabilidad. A él se deben algunos aportes cruciales a la Física y a la tecnología de la electricidad. Ése no fue el único caso. Como él hubo muchos investigadores e inventores en la sociedad estadounidense. Evidencia de que el trío de disciplinas del encabezamiento a estas líneas, estaba sembrado en la cultura del común de la gente, en casi todas las trece colonias, y, por consiguiente, estaba presente en los mismos lugares en los que se reproduce la cultura del pueblo: el hogar, la escuela de primeras letras y la vida social de las mayorías. Eso no ha cambiado y parece que no cambiará.