Ciencias, religiones y utopías filosóficas
En términos generales, las ciencias y las religiones proponen una comprensión y explicación cabal del mundo. Sus propuestas, sin embargo, divergen tanto en métodos como en perspectivas y propósitos. Las ciencias utilizan el denominado “método científico (del cual existen variaciones), el cual permite verificar o refutar sus hipótesis. Las religiones, por su parte, se fundamentan en premisas aceptadas por fe (confianza en la tradición recibida).
A pesar de lo anterior, las ciencias no son ahistóricas, también parten de una historia y tradición. Una que -a diferencia de las religiones- está abierta a ser refutada a través de experimentación. Una "refutación" en religión (si admitimos aquí el término) equivaldría a "cismo", es decir, escisión o división, con lo cual surgen nuevas religiones (usualmente llamadas sectas o herejías por sus detractores).
También puede ocurrir la decadencia o desaparición de la religión refutada. Cuando ocurren refutaciones en la ciencia, se cambian las hipótesis y esto puede conllevar a un cambio de teoría.
Aquí no hay cismos, sino revoluciones científicas. No surgen, pues, "sectas científicas", sino que, eventualmente, los hombres de ciencia convergen en una misma visión y práctica. Cuando entre las religiones se busca superar las diferencias doctrinales o rituales, se habla de ecumenismo.
Las ciencias suponen e implican una tecnología que transforma materialmente la vida del hombre. La mayor parte de las veces, para bien de las personas. Aunque no suele decirse, las religiones también suponen o implican una “tecnología”, pero aquí esta se refiere al sujeto humano, no a las cosas materiales. Con esta “tecnología” (constituida por "técnicas" como la oración o la meditación), se transforma la existencia de un ser humano para bien (cuando por estas logra cultivar virtudes y debilitar vicios). Pero a veces no logra esta transformación (cuando crean trastornos psicológicos, supersticiones y fanatismos).
Las ciencias y las religiones contienen potenciales humanos que, en principio, intentan el bien, pero que -a veces– no lo consiguen. Cuáles o cuántos bienes (o males) han traído a la humanidad no es el asunto a discutir, lo que parece más productivo es lograr integrar y aprovechar sus bienes, para minimizar los males del mundo. Tanto aquellos que se originan dentro del corazón del hombre, como aquellos fuera de él.
La transformación de la vida exterior y material que trae consigo la ciencia y su tecnología puede repercutir en el bienestar interior y moral del ser humano.
Asimismo, la transformación interior y moral que brindan las religiones puede manifestarse en bienes exteriores y materiales (por ejemplo, en instituciones políticas justas, economías solidarias y ambientales, u órdenes sociales pacíficos y productivos).
En la confrontación entre las religiones y las ciencias suele mediar el pensamiento filosófico. Esto sucede así, porque la filosofía (al menos en algunas de sus modalidades) no se supedita al ámbito de las ciencias o al de las religiones. Antes bien, busca comprender, integrar y superar las contradicciones que surgen entre ellas.
Esta labor de comprensión, integración y superación de las contradicciones no es, sin embargo, asunto de un único hombre o un solo momento. Se trata de una tarea titánica del ser humano a través de la historia.
Si su realización es posible, nos hallaremos en algún “fin de la historia” en el que las narraciones religiosas no tengan que competir con argumentos científicos. En el que la solución a un problema no contradiga la revelación de un misterio. O en el que hablar de espíritu en oposición a materia (o razón científica versus fe religiosa) ya no tenga sentido, pues conversaremos con un nuevo lenguaje, gracias al cual tendremos una nueva forma de pensar, sentir y transformar la realidad.
¿Una utopía? Por supuesto. Pero una que otra nos vale realizar. De otro modo, los enfrentamientos ideológicos entre las religiones y las ciencias no nos dejarán integrar y aprovechar lo mejor que ambas nos brindan, para el bien de todos.