Cifras alarmantes
Las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social están muy preocupadas por los 126 mil jóvenes que han desertado de sus estudios para quedarse en sus casas haciendo nada. En esta situación prevalece una ecuación simple: ocio es igual a riesgo de caer en delincuencia.
El segmento de los que no estudian ni trabajan está comprendido, en su mayoría, entre los 10 y los 17 años, una etapa de la vida en la que es fundamental la formación académica y los buenos hábitos de conducta.
Estudios hechos por el MIDES demuestran que los adolescentes en esta edad no solo son candidatos de primera línea a engrosar las pandillas, que ya cuentan con unos cinco mil miembros, sino que también son las principales víctimas de suicidio, homicidio y accidentes de tránsito.
Pero las cifras de los desertores no son las únicas capaces de erizar a cualquiera, a ellas hay que sumarles los 22 mil 975 estudiantes que fracasaron durante el 2011. Estos elementos se van sumando poco a poco y constituyen una bomba de tiempo que podría provocar una gran crisis social en el país.
Paradójicamente, la gran cantidad de jóvenes que abandona sus estudios o fracasa se produce en un momento en que la bonanza económica exige mano de obra capacitada en abundancia.
Y como ocurre en las grandes economías, si el mercado local no es capaz de suplir estas necesidades, un ejército de trabajadores extranjeros estará dispuesto a ocupar las plazas de empleo.
Es evidente que el Estado no está dotando de los recursos necesarios a las entidades que trabajan con jóvenes en riesgo. Es incongruente que por un lado haya un segmento de la población que goza de un país productivo y por el otro estén los destinados a no levantar cabeza.
