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Circo de pueblo


Los intérpretes del escándalo están empeñados en que suframos sus actuaciones, más propias de un circo de pueblo que de un país serio.


Normal.Todos -y “todos” incluye a todos-  han permitido que un asunto delicado se convierta en una chabacana obra en la que lo peor de la política y la Justicia son los actores principales.La denuncia de supuesta conspiración contra la entonces procuradora de la Nación, Ana Matilde Gómez, necesitaba una investigación responsable, por la gravedad del caso. Todavía necesita una investigación responsable. 

Pero los protagonistas  están empecinados en convertir este asunto en algo baladí:  el magistrado José Abel Almengor presenta como “pruebas” fotografías de su juventud junto a Zulay Rodríguez, y 24 horas después pide al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Aníbal Salas, que revise su actuación como jueza suplente.  

Para no ser menos, Rodríguez, en vez de entregar las pruebas para que la Asamblea Nacional haga su trabajo (que, a propósito, nunca hace), decide organizar un raid mediático respondiendo la mitad de las preguntas porque “ya lo voy a denunciar”. Ese “ya” llegó ayer. Y, de vuelta, todo pareció una pieza de un circo de pueblo. “Aquí están las pruebas, los correos son estos, estoy cumpliendo”, dijo Rodríguez. Y cumplió: para las cámaras y para las autoridades. 

Una lástima. Gómez –y los involucrados- merecen un proceso  responsable.  La actuación de los intérpretes de este escándalo no es más que el reflejo del estado de nuestra sociedad. Una Corte Suprema de Justicia que “dicta” justicia con magistrados cuestionados, una Asamblea Nacional que en su seno tiene legisladores que no legislan y que solo cumplen órdenes superiores y un Ejecutivo que no puede explicar lo que, a esta altura, suena inexplicable.

Ojalá alguien tenga la decencia, en medio de este espectáculo desafortunado, de pedir un poco de decoro.