¿Ciudad o laguna?
Las fuertes lluvias que azotan la ciudad de Panamá se han convertido en una pesadilla para los capitalinos. En cuestión de media hora, importantes sectores de la ciudad quedan convertidos en enormes lagunas que provocan daños, pérdidas económicas y caos.
Es una situación recurrente que se registra en el país desde hace unos años y que involucra áreas que antes no padecían este problema.
Todo parece indicar que los afectados directos son víctimas de un crecimiento urbanístico desordenado, en el que las autoridades tienen una gran cuota de responsabilidad.
El Ministerio de Obras Públicas (MOP) pretende encasillar el problema en la falta de conciencia de algunas constructoras que lanzan desechos a los ductos del sistema de alcantarillado.
Lo cierto es que la situación es mucho más compleja. La esencia del problema es que en Panamá las autoridades del Ministerio de Vivienda y de la Dirección de Ingeniería Municipal no han exigido el cumplimiento de las normas vigentes que buscan evitar que haya un crecimiento descontrolado que convierta la ciudad en un caos.
La naturaleza está cobrándonos a los panameños los años que llevamos construyendo sin los controles adecuados. Si no ponemos un alto, en unos años tendremos una ciudad completamente colapsada.
Y la situación tiende a complicarse. Un estudio hecho por el Plan de Desarrollo Urbano de las Áreas Metropolitanas del Pacífico y del Atlántico estimó que en el año 2020 la ciudad capital tendrá más de 3 millones de habitantes, con todos los problemas urbanísticos y sociales que ello conlleva.
La ciudad de Panamá evidentemente es una de las que más crecimiento ha registrado en Latinoamérica. Sin embargo, sus infraestructuras, que datan de hace al menos 50 años, no soportan este crecimiento desmedido.
En un país en donde llueve en promedio 200 días del año, resulta peligroso construir sin tomar todas las previsiones necesarias. El caso amerita una investigación profunda y sanciones, si se confirma la existencia de irregularidades.
