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Ciudad sin nombre


La falta de un plan oficial de nomenclaturas en la ciudad capital hace que cada día miles de peatones y conductores nacionales y extranjeros pierdan valioso tiempo para poder llegar a su destino final.

En estos días en que transitar por las calles de la capital se ha vuelto un verdadero trauma por las constantes obras viales que se ejecutan, es imperdonable que las personas deban dar el nombre de un árbol o de un viejo caserón como referencia para ubicar el sector donde viven o trabajan.

Mientras la población sufre este vía crucis, las autoridades del Municipio de Panamá, de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), de la Autoridad de Turismo de Panamá y del Ministerio de Obras Públicas (MOP) mantienen un conflicto sobre a quién le atañe esta responsabilidad.

En vez de esta disputa pública, los representantes de las instituciones implicadas en este problema deberían unir esfuerzos para que de una vez por todas se eduque y acostumbre a la ciudadanía a utilizar los nombres correctos de las calles y avenidas de la ciudad.

Un plan tan importante no puede detenerse por la descoordinación gubernamental, sobre a quién le corresponde designar los nombres de las vías y a quién colocar las señalizaciones.

El proyecto ya fue puesto sobre la mesa en el Consejo Municipal de Panamá, por lo que solo falta que los funcionarios encargados dejen atrás sus mezquindades y tomen la batuta para resolver este tema.

Parece una pequeñez, pero Panamá debe aprender las buenas lecciones de las grandes ciudades vecinas si aspira a convertirse en un país de primer mundo.

El cambio por un mejor país empieza desde adentro.