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Ciudadanía y delincuencia


Le entregué el televisor plasma confiado en que al reclamar por los daños ante la empresa, ésta accedería a darme la cobertura de la garantía. Se trata de alguien en quien tengo confianza, base para toda buena relación. Ayer, a muy tempranas horas, reviso los “chats” enviados a mi teléfono celular y leo: “Oh Doctor, qué pena levantarlo con malas noticias, fíjese que los ladrones rompieron los vidrios de mi auto, se llevaron los papeles del carro, y… también el plasma suyo. ¡Cuánto odio a los ladrones¡”. Sabiendo de quién se trataba le escribí: “Calma, calma, de pronto Dios quería darle un plasma a alguien, Dios sabrá…, no te preocupes, no ha pasado nada”. El siguió escribiendo: “Y sabe doctor, como la alarma del carro se activó pude ver todo desde mi ventana -vive en un segundo piso- y vi a los ladrones y al taxista que los esperaba, uno de ellos llevaba un suéter negro, si hubiera tenido un arma seguro que les disparo” y le añadí: “No digas eso, pues tú serías el preso y no ellos”.

¿Cuál es la realidad de este relato? A quien le entregué mi televisor plasma: mi cuñado; los delincuentes: amigos de lo ajeno secundados o en complicidad con un taxista; lugar donde se perpetra el robo: su propia residencia; escenario del delito: mucho vecindario en donde nadie vio ni escuchó nada y aunque alguien hubiese visto, nadie se mete, como siempre, el poco importa.

Bien ha dicho el Director de la Policía -lo dijo ayer en Santiago- si la ciudadanía no coopera, si ésta no se decide a denunciar y a evitar el crimen, seguiremos con los problemas de inseguridad ciudadana y la inestabilidad social en donde nuestra paz y sosiego domésticos y comunitarios, siguen rodando cuesta abajo y de mal en peor. Se requiere solidaridad entre nosotros mismos, cooperación, auxilio, ponernos en el lugar o condición del agredido o dañado en su vida o en sus bienes, aunque no soslayo que, al parecer, la ciudadanía le ha cogido miedo al delincuente y sobradas razones tendría para ello.

Cierto que la ciudadanía tiene que cooperar, pero con una policía que aún no aterriza en el estudio y la realidad de la delincuencia, seguiremos de mal en peor. Felicitamos por los logros alcanzados en la Policía, pero aún hace falta mucho por hacer. Hay que capacitar más a los funcionarios de la policía que reciben las llamadas que denuncian el crimen, el delito; que tengan más conciencia de lo que significa para un particular pedir el auxilio de los agentes del orden y de la seguridad ciudadanas y, por qué no decirlo, la ciudadanía también tiene que actuar más responsablemente y entender que el delito es un mal que avanza a pasos agigantados.

Abogado.