Clamor del agro
En los últimos años, el sector agropecuario del país, el que garantiza la alimentación de los panameños, sufre los embates del clima y la desidia de las autoridades, que solo se acuerdan de los trabajadores del campo en campaña electoral.
Los productores de tomate, papas, cebollas, arroz, porotos y más, claman por una ayuda que les llega a cuentagotas y que no llenan las expectativas, pues pocos son los proyectos que se han concretado para mejorar la producción.
En estos momentos, la agricultura parece no ser un buen negocio por los altos costos de producción, lo que ha provocado que muchas personas vendan sus tierras a extranjeros o las utilicen en otras actividades.
Como ejemplos, en las áreas de Renacimiento y Caisán, en la provincia de Chiriquí, hace 20 años se sembraban unas 7 mil hectáreas de poroto; sin embargo, ahora han bajado a menos de la mitad.
Este caso y otros más en el resto del país han causado que la producción no cubra la demanda nacional, lo que provoca que se importe el producto. Las quejas sobre los problemas de financiamiento, la comercialización, el costo de los insumos y las semillas que presentan los trabajadores de la tierra siguen siendo las mismas y las escasas respuestas de las autoridades también.
No es tiempo de alarmas por una inseguridad alimentaria, pero sí de tomar los correctivos necesarios para incentivar el agro y poder garantizar los alimentos a toda la población.
Esta administración, en su Plan Estratégico de Gobierno, prometió la habilitación del sector agrícola y enumeró cinco puntos centrales: la creación de una institución para la comercialización, ampliar la irrigación, construcción de carreteras de producción, desarrollo de la Cadena de Frío y reestructurar las políticas e incentivos y asistencia.
A dos años en el poder, ya han sido dos los funcionarios encargados de esa importante cartera, cuyo trabajo ha pasado inadvertido y pocos los avances.
El tema de los alimentos no debe ser un juego para este ni para ningún otro gobierno.
