Clase privilegiada
Definir la actitud y aptitud de los miembros de la Asamblea Nacional de Diputados está resultando un trabajo fácil, pero agrio.
Su comportamiento dentro y fuera del hemiciclo legislativo asquea a toda a una población que cada cinco años ve cómo se enriquecen con sus impuestos, en vez de que los diputados propongan la mejores leyes.
Ese debe ser el objetivo primario de los diputados, pero en Panamá eso cambió. Ahora, están más enfocados en la sumisión ante el poder Ejecutivo para pasar polémicas leyes, a cambio de supuestos proyectos para su comunidad.
Pero en ese mundo de hipocresía subyace una clase privilegiada, cuyos miembros obtienen salarios que son dignos de la realeza.
La junta directiva de la Asamblea Nacional -llámese presidente, dos vicepresidentes, secretario general y dos subsecretarios- recibe salarios que van desde los 7 mil hasta los 14 mil dólares mensuales.
En un país donde miles de panameños se van a la cama sin algo que comer, pues viven del día a día, ese monto resulta escandaloso.
Lo es todavía más, ya que hace dos años se firmó una resolución que ordenaba la reducción de los salarios de estos codiciados puestos pero, de la noche de la mañana y sin que nadie lo explique, todo volvió a ser como antes.
La imagen de la Asamblea se ha degradado desde hace mucho tiempo y sus integrantes, cual aves rapaces, solo buscan una presa para poder sangrar.
Ya lo dijo uno de los vicepresidentes de la institución: “Aquí hay magistrados, ministros y otros funcionarios que tienen prebendas y nadie dice nada”.
Con declaraciones así, es lógico que los panameños duden de que vamos bien.
